The Gringotts

Entra, desconocido, pero ten cuidado

con lo que le espera al pecado de la codicia,

porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,

deberán pagar en cambio mucho más,

así que si buscas por debajo de nuestro suelo

un tesoro que nunca fue tuyo,

ladrón, te hemos advertido, ten cuidado

de encontrar aquí algo más que un tesoro...


3 de julio de 2010

The You And I

"No importa lo que pase
Inclusive si el cielo se cae
Te prometo
Que nunca te dejaré ir"

Había llegado a casa. Aventó la bolsa contra el sillón, y el maletín cayó al suelo haciendo un ruido sordo. Los tacones se encontraron con un golpe contra la pared, dejando una mancha antes de caer al suelo. Se quitó el saco, destajando los botones, y lo aventó con saña al piso. Entrar a la habitación fue lo peor. Se sentó en el borde de la cama, sujetando su cabeza, y jalando su largo cabello castaño claro.

Pasara lo que pasara, no iba a llorar.

"Tú, cuando me caí
Me sostuviste así, con tu mirada tan inquebrantable
Y tú, durante esos tristes momentos
Sostuviste mis manos, hasta el final del mundo."

Se puso rápidamente en pie, se acercó a la ventana, y mientras marcaba un número local desde el teléfono que estaba en la mesilla de noche, suspiró cansadamente. El reloj de la pared marcaba la 1.30 am, pero ella sabía que contestaría sin falta. Solo bastó un tono de marcado antes de que la llamada se conectara.

-Parece ser que finalmente el día ha llegado.
-Cállate -espetó ella, mientras miraba a la ventana. La noche estaba tranquila, excepto por...
-Cuéntame, ¿cómo ha ocurrido exactamente?
-Me quedé hasta tarde en el trabajo. Llegó un fax a la oficina de mi secretaria, alrededor de las 12 y media. Decía que se marchaba.
-¿Dijo a dónde?
-Obvio que no, no seas idiota.
-Sólo lo decía para confirmar.
-Como sea... Necesito encontrarlo. Urgentemente.
-¿Aún lo amas?
-Claro que no. Se ha llevado el Cadillac.
-Pensé que lo habías puesto todo a su nombre. El Cadillac le pertenece a Daniel.
-¿Eres idiota? Todo, absolutamente todo, está a mi nombre. Incluido el carro. Se lo dije para que me creyera estúpidamente enamorada y firmara los papeles sin leer nada. Y parece ser que se lo creyó.
-En ese caso, empezaré a buscarlo mañana a primera hora del día.
-Si empiezas en este mismo instante, te duplicaré la paga.

"Podré ser alguien miserable que no hace nada por ti
Pero hoy canto esta canción sólo para ti
Esta noche, detrás de tus ojos y tu sonrisa
Puedo ver el dolor que te he causado al protegerme."

La llamada se corto. Christine sabía que nada podía mover a Robert más que el dinero. Con una sonrisa de satisfacción, dejó el teléfono en la mesilla, y se dirigió al armario para quitarse el traje (echado a perder debido al coraje) y ponerse el baby-doll y la bata. Apenas había terminado de vestirse, cuando su celular empezó a sonar. Una rápida mirada al identificador de llamadas bastó para dejarla desconcertada. Contestó un poco confundida.

-Buenas noches, tía Chris -se escuchó una voz muy despierta al otro lado de la línea.
-Buenas madrugadas, Rosallie -contestó Christine.
-Siento mucho haberte despertado...
-Descuida, no estaba dormida. De hecho, vengo llegando del trabajo.
-Tú y tu trabajo. ¿No crees que te exiges demasiado?
-No me sermonees y ve directo al grano.
-Necesito tu ayuda.
-¿Dinero, nuevamente?
-No. Bueno quizá si. Pero esta vez, te venderé mi bolso de Prada para no deberte nada.
-¿El color verde?
-Si, ese.
-Tengo 2 de ese.
-Bueno, escoge otro.
-¿Puedo escoger de Chanel?
-Sabes que solo compro Prada.
-En ese caso, no tienes nada que me interese.
-¡Tía!
-Te prestaré el dinero. Pero dime para qué es.

"Tú y yo juntos, se siente tan bien
Incluso aunque te diga adiós, para mí el mundo eres sólo tú
Tú y yo juntos, nunca sueltes mis manos
Incluso aunque te diga adiós, para mí el mundo eres sólo tú."

-Voy a salir de la ciudad a primera hora. En estos momentos estoy terminando de hacer la maleta. Salgo de aquí por 2 motivos importantes. número 1, huiré de Rob. Me he enamorado de alguien más. Y número 2, necesito encontrarlo. Quiero contratar un investigador privado. Para eso ocupo tu dinero.
-Puedo prestarte un buen investigador.
-¿Harías eso por mí?
-Sí, si antes de marcharte me explicas porqué necesitas un investigador para encontrar a aquella persona que dices amar.
-Fue... una aventura de una sola noche...
-¿Por qué no me sorprende?
-¡Esta vez fue diferente! Necesito encontrarlo...
-Te sabes al menos el nombre.
-Leopold Hudson.

El teléfono resbaló de la mano de Chritine, y golpeó el suelo.

"Nuestro amor ha ido cambiando
Poco a poco, como otros, pero no estés triste
Espero ser alguien en quien puedas confiar
Y alguien en quien te puedas apoyar
Te prometo que estaré aquí."

-¿Tía? ¿Tía, sigues ahí? ¿Christine?
-Per... perdón -tartamudeó Christine cuando volvió a tomar el teléfono.
-¿Qué ha pasado?
-Ese tal, Leopold Hudson... ¿De casualidad era ya algo mayor?
-Pues, sí, tenía ya unas cuantas canas, ¿por qué lo...?
-En ese caso, yo lo conozco.
-¿Qué?
-Él es el motivo por el cual llegue tan tarde hoy del trabajo. Vino a cerrar un trato conmigo. Va a abrir una sucursal del banco en New York. La administrará personalmente. Su vuelo sale en 3 horas.

Y la llamada se cortó.

"Cierro mis ojos cada vez que me siento sola
Ya no tengo miedo cuando tu aliento me sostiene
Nadie en el mundo puede tomar tu lugar
Tú eres el único y yo estaré aquí para ti."

Christine dejó el teléfono en la mesilla, y contempló el reloj en la pared. Faltaban 15 minutos para que fueran las 3 de la mañana. Tenía que estar en el trabajo a las 7. Prefirió no dormir. Se tapó un poco mejor con la bata, y se dirigió a la cocina. Abrió el mini bar, y se sirvió un caballito de Tequila.

Rosallie debió haber esperado un poco más antes de colgar. Christine sabía que se dirigía al aeropuerto en ese preciso momento. Debió de haberle dicho ciertas cosas sobre ese tal Leopold Hudson. Pero ya se enteraría ella misma, tanto con investigador privado, como sin él.

Mientras bebía del caballito, se acercó a su portafolio. Sacó un fajo de papeles de ahí, y se puso a revisarlos. Tenía todo el historial económico, político, social y privado de Leopold Hudson en sus manos. Después de todo, Talasha & Co., no se aliaba con cualquiera, en especial tratándose de ingleses con títulos rimbombantes.

El caballito de tequila prontamente llegó a su fin, y Christine aventó los papeles a la mesa de la sala. Se sirvió esta vez un poco de Ron, y prendió la tele. Definitivamente no dormiría, sobre todo porque la vecina tenia fiesta.

Esa estúpida canción ridículamente romántica sonaba demasiado fuerte. ¿Debería de mudarse, fuera de la ciudad?

"Tú y yo juntos
Por siempre y para siempre."

You And I - Park Bom

30 de junio de 2010

The Abandoned

-Llegas tarde.
-Lo siento. Es que tuve que...
-No te pregunté porque. Solo te dije que llegas tarde.

Él extendió su mano, y enredó sus dedos con los de ella. El perfume de la primavera estaba impregnado en sus ropas, pero él no sabía oler el aroma del amor.

-Te quiero.
-Ya te dije que te lo calles para ti misma.
-Si no puedo decir "te amo" lo menos que puedo decir es ~te quiero~.
-Tienes prohibido decir cualquier cosa que demuestre sentimentalismo.

Sólo se escuchaban los pasos de ellos dos. Las calles estaban vacías. Un par de minutos caminando sin sentido bastarían, pensó el.

-Nos vemos mañana.
-Prometo llegar a tiempo, no te volveré a fallar.
-Da igual. Limítate a irte ya.

Ella cerró los ojos, esperando un beso, al menos un abrazo. Esperó en la oscuridad de la fría noche. Cuando abrió los ojos, no había nadie más que ella.

-Te amo.

Le susurró al viento.

Al día siguiente, ella simplemente no llegó.

Y dentro de él, algo se quebró...

26 de junio de 2010

The Pray

-...Estoy, en casa. Ya se que ha pasado mucho tiempo, que quizá no recuerdes mi nombre, y tampoco espero que siga vivo en ti ese sentimiento que decliné, pero, finalmente he regresado.
-No debí haberte dejado ir. Yo sabía que no ibas a volver. Por más que lo prometieras, no lo ibas a cumplir.
-Estoy delante tuyo, ¿es que no me ves? Te prometí de corazón que regresaría a tu lado, que te amaría por siempre, y ninguna de esas promesas fueron llevadas por el tiempo, las tenía presente en mi corazón, y lo sigo haciendo...
-Te conozco más que a mí misma, claro que te veo. Pero es que esta vez es diferente. No has regresado, no aún. No lo harás.
-No entiendo cuál es esa diferencia a la que te refieres. Si puedes verme, es porque efectivamente estoy aquí. Si he regresado, es por ti. Si volví, fue por...
-Nunca volverás a casa. No puedes regresar. Las cosas han cambiado.
-Pero...
-Yo lo sé, y tú deberías de aceptarlo. Regresaste porque has cambiado, porque en el momento en que te fueras, ya no serías tú. Yo sabía que las cosas cambiarían, y que no podría encontrarte por más que te buscara, sobre todo porque tú no querías que te encontrara. Me olvidaste, y fuiste tú mismo el que olvidó su propio nombre. Olvidaste porque luchabas, que defendías. Olvidaste el sentimiento que existía por mí. Importaba más aquel honor hacia aquellas personas que solo te utilizaban, y ahora, es demasiado tarde.
-A mi nadie me ha dicho que hacer. Si me fui, fue porque tenía que hacerlo, porque era necesario para mí. Porque quería darte lo mejor...
-Deshiciste todo en lo que creía. Si has regresado, es porque ahora eres diferente. Este nuevo tú no me gusta. Sobre todo porque no eres tú.
-Después de todo lo que pasé por volver a verte...
-Cuando te fuiste, yo morí. En mi soledad y depresión, me entregué a los brazos de la muerte. Yo sabía que era la única forma de tenerte de regreso, pero es que... No es lo mismo. Y nunca lo será. Ya es muy tarde para dar marcha atrás.
-¿La muerte?
-Yo sabía que ibas a morir. Aquella lucha incongruente acabaría contigo. No eres inmortal, así como tampoco eres todo poderoso. El enemigo te ha vencido, y tú has perdido. Has muerto también.
-Yo no puedo estar muerto. Yo he ganado. Yo he...
-Has muerto, y así seguirás durante la eternidad. Te quería de vuelta, pero no de este modo... No así...

"Por favor, escucha mi plegaria. Desde el fondo de mi corazón que está sufriendo con su ausencia; si es que estás allá arriba, si es que hay algo allá arriba, si es que eres todo misericordioso y te apiadas de un alma en pena... Tráelo de vuelta a mi, quizá no triunfador, quizá no orgulloso de la victoria, pero tráelo sano y salvo, y por favor, tráelo aún enamorado."

-Parece ser que después de todo, no me escuchó, o simplemente no existe...

25 de junio de 2010

The Run Away

El reloj marcaba las 5:40 cuando Rosallie se levantó de la cama, y se dirigió al baño, caminando de puntitas. Se dirigió al lavabo a enjuagarse la cara, se limpió los dientes con rapidez, y al volver a la habitación, recogió toda su ropa con prontitud. Se visitó en el mayor de los silencios, y al terminar, tomó la negra cartera que descansaba sobre aquel pantalón negro de vestir (tirado en el suelo), perteneciente al hombre que seguía dormido en la cama.

Dentro de la cartera de piel, había varias tarjetas de crédito, y otras cuantas de débito; pero a Rosallie las tarjetas no le interesaban para nada. Ella iba por el efectivo. Siempre y sin excepciones. Se topó con la credencial de elector, pero no se preocupó por leer el nombre. Después de todo, él era uno de tantos. Sin preocuparse a revisar la cartera a fondo, tomó todo el efectivo que contenía (más o menos 1,000 dólares) y la aventó al suelo, como si nada. Gucci no era una de sus marcas predilectas.

Mientras tomaba su celular del piso, miró al hombre con quien había pasado la noche.El sujeto aún dormía, pero Rosallie sabía que no sería por mucho tiempo. Sin pensarlo mucho más, se puso los zapatos, y salió del lugar. Aquel sujeto había sido uno de los pocos que la habían llevado a su casa. Uno de los pocos que aún era soltero.

Llegó 2 cuadras más abajo antes de detenerse a tomar un taxi. En ese momento el reloj marcaba las 6:05 am. El tipo se despertaría a más tardar a las 6:30, y a esa hora, Rosallie ya se encontraría varios kilómetros más al sur.

Rosallie llegó a su departamento, ubicado al sur de la ciudad, 40 minutos más tarde. Tanto la ropa, como el dinero recién adquirido, habían caído al suelo, mientras ella se dirigía al baño a darse una ducha.

Cuando regresó a la habitación, mientras se secaba el cabello, tomó los nuevos 1,000 dólares, y los juntó con el resto. Si las cuentas no le fallaban, disponía de 4,900 dólares. Necesitaría unos 300 más, ya que esa tarde tenía planeado ir de compras: debía verse presentable para entregar el dinero. Ya se ocuparía en la noche de terminar de juntar los 5,000 dólares. Estaba segura de que ya había terminado con los empresarios más ricos de la ciudad, por lo que esta vez tendría que acudir a seducir peces no tan gordos.

El centro comercial la vio llegar alrededor de las 3 de al tarde. Rosallie recorrió un par de tiendas de ropa, y varias zapaterías. A las 4:10 fue a Mcdoland's a comer una mustia ensalada, y a las 4:35 se encontraba en una joyería, buscando pulseras de oro. Estaba admirando una pulsera de Tous llamada "Sweet Dolls" cuando la asaltó el presentimiento de que alguien la estaba viendo. Se giró un poco, y pudo ver a un caballero mirando relojes en una vitrina algo alejada. En ese momento, la mirada del caballero se clavó en la suya, y Rosallie se giró rápidamente, mientras sentía un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

-¿Le gustaría verla? -preguntó en ese momento el dependiente que tenía delante de ella.
-Por favor -Rosallie dijo que "sí" con la cabeza. El dependiente corrió la vitrina, y extrajo del aparador la pulsera, mientras Rosallie miraba de reojo al caballero, que se había acercado un poco, de manera no tan disimulada.
-Se trata de una pulsera elástica de perlas cultivadas en agua dulce, con el símbolo de Tous elaborado en oro amarillo.
-Es hermosa -susurró, mientras trataba de fijar su vista en el amarillo del pequeño oso, en vez del azul de los ojos del señor-. ¿Puedo...?
-Claro que si -y el dependiente deslizó la pulsera dentro de la mano de Rosallie, quien levantó un poco el brazo para poder admirarla.
-¿Cuál es el precio?
-298 Euros -en la cara de Rosallie se dibujó la desilusión. Se quitó la pulsera lentamente, y con ese mismo cuidado, la colocó sobre el mostrador.
-Gracias...
-El pago se hará con tarjeta -dijo una voz a su espalda. Rosallie se apuró a voltear, y se topó cara a cara con el hombre que la había estado mirando desde que había puesto un pie en la tienda.
-Como guste, señor -el dependiente no había notado nada extraño. Tomó la tarjeta de manos del caballero, y la pasó por la terminal.

Un par de minutos después, Rosallie y el caballero (que vestía un traje Armani negro) caminaban hacia el estacionamiento. Rosallie no dejaba de acariciar, discretamente, la pulsera que volvía a estar en su muñeca, después de que el señor se la hubiera puesto con sumo cuidado. Tampoco podía dejar de ver el perfil de caballero, ya que caminaban lado a lado.

-¿Te acompaño a tu auto? -preguntó el señor. Rosallie se percató de su curioso acento inglés.
-Pues... No he venido en auto -fue su sencilla respuesta, mientras sentía como sus mejillas se coloreaban en un tono melocotón.
-Mejor -respondió el caballero, y la tomó por la cintura-. Iremos en el mío.

En la mente de Rosallie rondaban varias cosas. Entre ellas, una frase que le había escuchado decir a su padre, varios años atrás: "Si un hombre gasta mucho dinero en joyería para dama, hay muchas cosas que espera. Y como referencia, platicar no es una de ellas". Ahora sabía perfectamente a que se refería, pero ya no le importaba.

El centro comercial los había visto partir a las 4:59.

El resto de la tarde ocurrió en un bar ubicado en el centro de la ciudad. Estuvieron platicando y bebiendo un par de horas, hasta que el caballero inglés (porque ya se habían presentado formalmente, y formalmente el caballero tenía un nombre inglés), la invitó a acompañarlo a su "habitación de hotel". Algo demasiado común para Rosallie, pero esta vez, se sintió un poco recelosa.

-¿Tu esposa no debe de encontrarme en casa? -preguntó de manera un poco atrevida.
-No estoy casado -fue la respuesta que recibió cuando la ayudó a ponerse de pie-. Y tampoco vivo en la ciudad, por lo que no tengo casa aquí.
-Siento el mal chiste -Rosallie trató de disculparse.
-No tienes porqué.

El hotel Ritz de 5 estrellas, se encontraba en el número 900 del W Olympic Boulevard, en los pisos 22 al 26 de la 54-Story Tower. Apenas el caballero hubo abierto la puerta, un valet parking le ayudó a sostenerla, y ocpuó su lugar, poco después, en el asiento del conductor del Mercedes color plata. Un botones se apuró a abrir la puerta del pasajero, y tenderle la mano a la damisela, para que Rosallie pudiera bajar.

-Buenas noches señor. Bienvenido al Ritz -dijo cortésmente el recepcionista que estaba en turno.
-Buenas noches, necesito una habitación para dos -respondió el inglés, mientras sacaba la cartera, para extraer de ella una de las tarjetas de crédito.
-¿Sencilla o suite?
-Deme la Ritz-Carlton Suite, por favor.
-¿Su pago será en efectivo o con tarjeta?

El inglés se detuvo al escuchar la pregunta. Algo le decía que no debía de usar la tarjeta, ya que cuando su secretaria revisara sus transacciones, se daría cuenta de semejante irregularidad, sobre todo tratándose de la suite más cara del hotel, y que era una suite para 2, tomando en cuenta el hecho de que él viajaba solo. Sintió la mirada del recepcionista, y guardó la tarjeta.

-Será en efectivo.

Cuando hubieron llegado a la suite, el botones dejó su equipaje (que no era nada más que las compras que Rosallie llevaba desde el centro comercial), se despidió de ellos cortésmente, y después de recibir un billete de 50 dólares, salió del lugar.

Para Rosallie, aquella fue la mejor noche que pasó en toda su vida. El champagne y las fresas cubiertas con chocolate llegaron alrededor de las 9 de la noche. Los juegos duraron poco más de una hora, y el sexo terminó como hasta las 3 de la mañana. Se sentía cansada, pero feliz: había sido el mejor sexo de toda su vida. Y con ese pensamiento en la cabeza, se quedó dormida.





La costumbre la antecedió cuando, a la mañana siguiente, se levantó alrededor de las 6 de la mañana. Se desperezó lentamente, ya que en esta ocasión no tenía planeada una silenciosa huída. Se puso las zapatillas y se dirigió al baño, a relajarse en la tina con agua caliente y sales aromáticas. Media hora de relajación después, Rosallie se encontraba secando su cabello con una toalla, y se acercó a la cama. Un bulto debajo de las sábanas de seda blanca, indicaban que el inglés seguía durmiendo.

Rosallie se sentó junto a él, y deslizó lentamente las cobijas, para no despertarlo bruscamente.

Pero debajo de las cobijas no había ningún inglés. Sólo un montón de almohadas amontonadas, dando la impresión de formar un cuerpo.

Rosallie se levantó inmediatamente, y fue ahí cuando se dio cuenta de que en la suite, no había ni rastro del inglés. No estaba su ropa, ni el celular, ni el reloj, ni la cartera. Nada. Durante años en su vida, había aplicado el escape silencioso en las mañanas después de sus aventuras de una noche. Era la primera vez que se la aplicaban a ella.

Y lo peor, era que ella se había enamorado.

-Leopold Hudson -susurró mientras caminaba por la calle, buscando un taxi que la llevase de regreso a su departamento-. Leopold Hudson -repitió. Era lo único que le quedaba del inglés. Su nombre, y la pulsera de perlas y oro amarillo que se agitó en su muñeca, cuando alzó la mano para detener un taxi.

24 de junio de 2010

The Will Forget

-Tiene una llamada de Boulet por la línea principal.
-¿Dijo que era urgente?
-Bastante.
-Que llame a las 6.
-Pero...
-He dicho, que llame a las 6.
-Claro, señora...


La secretaria abandonó la oficina de la presidenta de la compañía, con el nerviosismo dibujado en la cara y repercutiendo en sus temblorosas piernas. Regresó a su escritorio, y tomó el auricular. La voz del tal Boulet se escuchaba al otro lado de la línea, apurando a sus subordinados sobre cierto embargue.


-¿Señor Boulet?
-¿Señora Talasha?
-Lo siento, pero la Señora está ocupada y no...
-Dije que la llamada era de extrema urgencia.
-Eso es lo que me ha dicho, ya sabe como se pone...
-Es urgente.
-Dijo que vuelva a llamar a las 6...
-Dígale que el trato se cancela.


Boulet colgó el teléfono de un golpe. La pequeña secretaria se quedó con el auricular aún en mano durante un par de minutos antes de poder reaccionar y darse cuenta de lo que había pasado. Acababa de perder a uno de los principales compradores, lo cual significaba una pérdida de 100 mdd para la empresa. Con el miedo y la preocupación dibujados en el rostro, decidió ir a la oficina de la Presidenta para pedirle que rectificara y se comunicara con el Señor Boulet.


Pero la Presidenta no se encontraba en su oficina cuando ella llegó.


Christine Talasha se encontraba 30 pisos más abajo. Apenas su secretaria hubo salido de su oficina, ella había tomado su abrigo y su maletín, salió de su oficina sin preocuparse por cerrar con seguro la puerta, y se dirigió al acensor.


Y ahora se encontraba en el recibidor del edificio de oficinas de su empresa "Talasha & Co." 30 pisos más abajo.


Uno de los porteros había corrido hacia el estacionamiento subterráneo, y había sacado el Porsche negro de Christine en lo que ella recorría el camino hacia la entrada principal.


Le tendió un billete de 5 dólares al portero, y subió al Porsche, dando un fuerte portazo.


Conocía el camino de memoria. La única diferencia, esta vez, consistía en la hora. Comúnmente recorría ese trayecto a la hora pico, y como esta vez había salido de la oficina 4 horas antes, las avenidas estaban muchísimo más vacías que de costumbre, por lo que el camino fue muchísimo más rápido. Justo lo que necesitaba.


En su mente aún repiqueteaba esa conversación por teléfono, ocurrida hacía solo unos 15 minutos, y que la había obligado a salir de ese modo de la oficina.


-Daniel está con nosotros. Se está divirtiendo. Creo que más de lo que debería.
-No entiendo cuál es ese punto "tan importante" al que quiere llegar.
-Estamos en el "Pusy Chik", no creo que lo conozca. Una señora de su clase no frecuenta este tipo de lugares. Y Daniel, pues el...
-¿Lo ha llevado a la fuerza, no es así?
-Perdóneme que se lo diga, pero no. A decir verdad, él fue el que decidió venir.
-No tengo porqué creerle. Ni siquiera lo conozco...
-Ah, pero yo si la conozco a usted. No tiene porqué desconfiar así de mí. Si no me cree, llame a su celular. Le aseguro que no recibirá respuesta... Su amante no querrá que usted se entere de lo que está haciendo.

La llamada se había interrumpido abruptamente, así como los pensamientos de Christine. Había llegado al departamento de... Daniel. Le remordía la conciencia pensar en qué era ella para él. En que era él para ella.


La palabra "amante" no pudo haberlo definido mejor. Después de todo, él era 10 años menor que ella.


El departamento de Daniel se encontraba en el 3er piso del edificio. Era un lugar que se encontraba en una zona exclusiva, ya que había sido ella la que lo había pagado. Christine detuvo el Porsche en la esquina, y bajó de el, con un poco de nerviosismo.


Miró hacia los cajones del estacionamiento del edificio, y pudo ver el Cadillac rojo vino de Daniel. Eso hizo que se le calmara un poco el corazón: sin lugar a dudas él estaba en casa. Nunca iba a ningún lado sin el Cadillac que ella le había comprado en su aniversario de 1 mes.


Christine miró a ambos lados antes de cruzar, y entró al edificio como si se tratara de su propia casa. Porque lo era. Subió al tercer piso, se paró frente a la puerta del departamento C-3. Se quedó con la duda de si debía tocar o no. Nunca antes lo había hecho. Al final se decidió a entrar sin más, aunque en su mente ocurría una escena en la que Daniel le preguntaba que hacía ahí 4 horas antes de lo previsto. Ni en su imaginación encontró una respuesta lo suficientemente convincente, por lo que entró sin más.


El lugar estaba desierto. Christine sintió un poco de pánico. El Cadillac estaba, pero Daniel no. Aquí algo iba mal.


Tomó el celular, y marcó a Daniel. Aún no se ponía el móvil en el oído, cuando escuchó la cancioncita del celular del chico en el lugar. Christine caminó lentamente hacia donde escuchaba el celular: su habitación.


El celular vibraba sobre la cama, entre el lío de mantas que Daniel acostumbraba dejar cuando se levantaba tarde. Christine colgó y tomó el celular de Daniel. La pantalla marcaba una llamada perdida de "Mi princesa".


Se sentó en el borde de la cama, ya que las piernas habían amenazado con fallarle. Algo le decía que aquella llamada que había recibido hacía 25 minutos, no era del todo falsa. Fue en ese momento en que su mirada se fijó en algo: un pedazo de papel que surgía del cajón de la mesilla de noche.


Christine se acercó y lo sacó con cuidado. Se trataba de un panfleto que anunciaba un bar de "table dance" llamado "Pusy Chik".


En menos de un minuto, Christine se encontraba afuera del edificio, y un par de segudos después, el motor del Porsche rugió, y Christine Talasha conducía a toda velocidad por el distribuidor vial. En su mente surgían mil y un historias sobre lo que pasaría cuando llegara al lugar. Para empezar, ¿tendría el valor de entrar? Y de todos los años que conocía a Daniel... ¿cómo había terminado en un lugar así? Y más que nada... ¿quién había sido el hombre que la había telefoneado, hacía solo 35 minutos?


La dirección escrita en el panfleto se encontraba cerca. 5 minutos más y Christine estaría ahí. La atrapó un semáforo en rojo, y tuvo que detenerse. Eso le sumaría 2 minutos de retraso.


En ese momento, su celular empezó a sonar. Lo tomó y automáticamente presionó la tecla de colgar. Pero el tono seguía sonando.


Después de todo, el teléfono que había tomado, era el personal. El teléfono del trabajo seguía dentro del maletín, y seguía sonando. Christine miró al frente, con la mirada fija en el rojo del semáforo. No tardaría en cambiar.


Y el móvil seguía sonando.


Un poco molesta, abrió el maletín, y sacó el móvil. Su secretaria se encontraba buscándola.


-¿Que pasa Katie? -preguntó algo fastidiada. En ese momento el semáforo se puso en verde, con lo que Christine arrancó, pero para orillarse.
-Me asustó al no haberla encontrado en su oficina...
-Es que se me ha presentado algo importante.
-¿Más importante que el señor Boulet? -Christine se quedó callada-. Sé que no debo meterme en sus asuntos privados, señora, pero creo que no hay nada más importante que el trato con el Señor Boulet.
-Eso lo decido yo.
-Perdón señora, pero debo insistir. Si pierde este acuerdo, el prestigio de la empresa caerá y perderemos varios clientes potencialmente importantes. Si el negocio se lleva a cabo correctamente, tendrá en sus manos esa sucursal en Amsterdam de la que tanto ha mencionado... -esta vez fue el turno de la secretaria para quedarse callada.
-¿Cuánto fue la última oferta de Boulet? -preguntó Christine mientrás ponía el auto en marcha de nuevo.
-Antes de que colgara, dijo 158 mdd.
-Voy para allá.


Y Christine colgó. Un par de segundos después, emprendía el camino de regreso al trabajo.


Ya aclararía las cosas con Daniel después. Prefería esperar a estar en un terreno que fuera favorable para ella.










-Te has tardado mucho. ¿Te has sentido mal? -dijo Daniel conteniendo una risilla. Tomó el vaso de tequila que estaba frente a él, mientras su amigo se sentaba a la mesa, y tomaba un puro.
-He tenido que hacer una llamada telefónica.
-¿Alguna otra "amiga nueva"?
-No. No se trata de eso -el amigo de Daniel sonrió, de manera un poco cansada. Tomó el puro, y lo prendió con un encendedor que había en la mesa-. ¿Sabes? Me he puesto a pensar... en tu "chica".
-Agh, Rob, no empieces, por favor.
-No, no. No he dicho nada -Rob se limitó a entretenerse con el puro un rato, antes de volver al ataque-. Es solo que... Ella está muy enamorada de ti.
-Lo se -Daniel se limitó a beber del tequila-. ¿Y eso a que viene de repente?
-Bueno, chico, no te ofendas, pero... Algo me dice que tú no la amas tanto como ella a ti.
-¿Y es por eso que me has traído a este lugar? -Daniel hizo una seña con la mano, como si tratara de abarcar todo el lugar. Se encontraban en un bar de mala muerte, con prostitutas bailando sobre las mesas, enredándose en los tubos, y degradándose a sí mismas.
-Solo te traje de vuelta al mundo de los mortales, chico. Desde que andas con esa "señora" no sabes mirar abajo. Ella te ha llevado muy alto, te está corrompiendo.
-No es una señora.
-Es diez años mayor que tú.
-Eso no quita...
-Te ha dado casa, auto, escuela, comida, ropa, lujos. Si, Daniel, en pocas palabras te ha dado lujos y te trata como su niño mimado, te compra y luego te lleva como perro de feria a exhibir frente al resto de sus amigos ricos. Deberías de sacarle el máximo provecho ahora que puedes, y después, deshacerte de ella. Que te compre, si eso es lo que quiere, pero después tendrá que pagar las consecuencias.

Daniel se quedó callado. No sabía que responder a ello. Bueno, sí sabía, pero no quería sonar... Desvió la mirada del tequila, y se concentró en una bailarina que se encontraba recibiendo unos dólares de un viejo gordo y calvo. Suspiró antes de mirar a Rob nuevamente.

-Tú puedes hacer que ella te dé lo que quiera -dijo Rob-. Yo lo haría.
-Lo sé -respondió Daniel-. Pero la diferencia entre tú y yo, es que yo la amo.

El caballito de tequila llegó a su fin. Mientras Daniel contemplaba un extraño reflejo en el caballito, suspiró nuevamente.

-Yo la amo, y quiero olvidarla. Yo no quiero una vida feliz a su lado...