-Tiene una llamada de Boulet por la línea principal.
-¿Dijo que era urgente?
-Bastante.
-Que llame a las 6.
-Pero...
-He dicho, que llame a las 6.
-Claro, señora...
La secretaria abandonó la oficina de la presidenta de la compañía, con el nerviosismo dibujado en la cara y repercutiendo en sus temblorosas piernas. Regresó a su escritorio, y tomó el auricular. La voz del tal Boulet se escuchaba al otro lado de la línea, apurando a sus subordinados sobre cierto embargue.
-¿Señor Boulet?
-¿Señora Talasha?
-Lo siento, pero la Señora está ocupada y no...
-Dije que la llamada era de extrema urgencia.
-Eso es lo que me ha dicho, ya sabe como se pone...
-Es urgente.
-Dijo que vuelva a llamar a las 6...
-Dígale que el trato se cancela.
Boulet colgó el teléfono de un golpe. La pequeña secretaria se quedó con el auricular aún en mano durante un par de minutos antes de poder reaccionar y darse cuenta de lo que había pasado. Acababa de perder a uno de los principales compradores, lo cual significaba una pérdida de 100 mdd para la empresa. Con el miedo y la preocupación dibujados en el rostro, decidió ir a la oficina de la Presidenta para pedirle que rectificara y se comunicara con el Señor Boulet.
Pero la Presidenta no se encontraba en su oficina cuando ella llegó.
Christine Talasha se encontraba 30 pisos más abajo. Apenas su secretaria hubo salido de su oficina, ella había tomado su abrigo y su maletín, salió de su oficina sin preocuparse por cerrar con seguro la puerta, y se dirigió al acensor.
Y ahora se encontraba en el recibidor del edificio de oficinas de su empresa "Talasha & Co." 30 pisos más abajo.
Uno de los porteros había corrido hacia el estacionamiento subterráneo, y había sacado el Porsche negro de Christine en lo que ella recorría el camino hacia la entrada principal.
Le tendió un billete de 5 dólares al portero, y subió al Porsche, dando un fuerte portazo.
Conocía el camino de memoria. La única diferencia, esta vez, consistía en la hora. Comúnmente recorría ese trayecto a la hora pico, y como esta vez había salido de la oficina 4 horas antes, las avenidas estaban muchísimo más vacías que de costumbre, por lo que el camino fue muchísimo más rápido. Justo lo que necesitaba.
En su mente aún repiqueteaba esa conversación por teléfono, ocurrida hacía solo unos 15 minutos, y que la había obligado a salir de ese modo de la oficina.
-Daniel está con nosotros. Se está divirtiendo. Creo que más de lo que debería.
-No entiendo cuál es ese punto "tan importante" al que quiere llegar.
-Estamos en el "Pusy Chik", no creo que lo conozca. Una señora de su clase no frecuenta este tipo de lugares. Y Daniel, pues el...
-¿Lo ha llevado a la fuerza, no es así?
-Perdóneme que se lo diga, pero no. A decir verdad, él fue el que decidió venir.
-No tengo porqué creerle. Ni siquiera lo conozco...
-Ah, pero yo si la conozco a usted. No tiene porqué desconfiar así de mí. Si no me cree, llame a su celular. Le aseguro que no recibirá respuesta... Su amante no querrá que usted se entere de lo que está haciendo.
La llamada se había interrumpido abruptamente, así como los pensamientos de Christine. Había llegado al departamento de... Daniel. Le remordía la conciencia pensar en qué era ella para él. En que era él para ella.
La palabra "amante" no pudo haberlo definido mejor. Después de todo, él era 10 años menor que ella.
El departamento de Daniel se encontraba en el 3er piso del edificio. Era un lugar que se encontraba en una zona exclusiva, ya que había sido ella la que lo había pagado. Christine detuvo el Porsche en la esquina, y bajó de el, con un poco de nerviosismo.
Miró hacia los cajones del estacionamiento del edificio, y pudo ver el Cadillac rojo vino de Daniel. Eso hizo que se le calmara un poco el corazón: sin lugar a dudas él estaba en casa. Nunca iba a ningún lado sin el Cadillac que ella le había comprado en su aniversario de 1 mes.
Christine miró a ambos lados antes de cruzar, y entró al edificio como si se tratara de su propia casa. Porque lo era. Subió al tercer piso, se paró frente a la puerta del departamento C-3. Se quedó con la duda de si debía tocar o no. Nunca antes lo había hecho. Al final se decidió a entrar sin más, aunque en su mente ocurría una escena en la que Daniel le preguntaba que hacía ahí 4 horas antes de lo previsto. Ni en su imaginación encontró una respuesta lo suficientemente convincente, por lo que entró sin más.
El lugar estaba desierto. Christine sintió un poco de pánico. El Cadillac estaba, pero Daniel no. Aquí algo iba mal.
Tomó el celular, y marcó a Daniel. Aún no se ponía el móvil en el oído, cuando escuchó la cancioncita del celular del chico en el lugar. Christine caminó lentamente hacia donde escuchaba el celular: su habitación.
El celular vibraba sobre la cama, entre el lío de mantas que Daniel acostumbraba dejar cuando se levantaba tarde. Christine colgó y tomó el celular de Daniel. La pantalla marcaba una llamada perdida de "Mi princesa".
Se sentó en el borde de la cama, ya que las piernas habían amenazado con fallarle. Algo le decía que aquella llamada que había recibido hacía 25 minutos, no era del todo falsa. Fue en ese momento en que su mirada se fijó en algo: un pedazo de papel que surgía del cajón de la mesilla de noche.
Christine se acercó y lo sacó con cuidado. Se trataba de un panfleto que anunciaba un bar de "table dance" llamado "Pusy Chik".
En menos de un minuto, Christine se encontraba afuera del edificio, y un par de segudos después, el motor del Porsche rugió, y Christine Talasha conducía a toda velocidad por el distribuidor vial. En su mente surgían mil y un historias sobre lo que pasaría cuando llegara al lugar. Para empezar, ¿tendría el valor de entrar? Y de todos los años que conocía a Daniel... ¿cómo había terminado en un lugar así? Y más que nada... ¿quién había sido el hombre que la había telefoneado, hacía solo 35 minutos?
La dirección escrita en el panfleto se encontraba cerca. 5 minutos más y Christine estaría ahí. La atrapó un semáforo en rojo, y tuvo que detenerse. Eso le sumaría 2 minutos de retraso.
En ese momento, su celular empezó a sonar. Lo tomó y automáticamente presionó la tecla de colgar. Pero el tono seguía sonando.
Después de todo, el teléfono que había tomado, era el personal. El teléfono del trabajo seguía dentro del maletín, y seguía sonando. Christine miró al frente, con la mirada fija en el rojo del semáforo. No tardaría en cambiar.
Y el móvil seguía sonando.
Un poco molesta, abrió el maletín, y sacó el móvil. Su secretaria se encontraba buscándola.
-¿Que pasa Katie? -preguntó algo fastidiada. En ese momento el semáforo se puso en verde, con lo que Christine arrancó, pero para orillarse.
-Me asustó al no haberla encontrado en su oficina...
-Es que se me ha presentado algo importante.
-¿Más importante que el señor Boulet? -Christine se quedó callada-. Sé que no debo meterme en sus asuntos privados, señora, pero creo que no hay nada más importante que el trato con el Señor Boulet.
-Eso lo decido yo.
-Perdón señora, pero debo insistir. Si pierde este acuerdo, el prestigio de la empresa caerá y perderemos varios clientes potencialmente importantes. Si el negocio se lleva a cabo correctamente, tendrá en sus manos esa sucursal en Amsterdam de la que tanto ha mencionado... -esta vez fue el turno de la secretaria para quedarse callada.
-¿Cuánto fue la última oferta de Boulet? -preguntó Christine mientrás ponía el auto en marcha de nuevo.
-Antes de que colgara, dijo 158 mdd.
-Voy para allá.
Y Christine colgó. Un par de segundos después, emprendía el camino de regreso al trabajo.
Ya aclararía las cosas con Daniel después. Prefería esperar a estar en un terreno que fuera favorable para ella.
-Te has tardado mucho. ¿Te has sentido mal? -dijo Daniel conteniendo una risilla. Tomó el vaso de tequila que estaba frente a él, mientras su amigo se sentaba a la mesa, y tomaba un puro.
-He tenido que hacer una llamada telefónica.
-¿Alguna otra "amiga nueva"?
-No. No se trata de eso -el amigo de Daniel sonrió, de manera un poco cansada. Tomó el puro, y lo prendió con un encendedor que había en la mesa-. ¿Sabes? Me he puesto a pensar... en tu "chica".
-Agh, Rob, no empieces, por favor.
-No, no. No he dicho nada -Rob se limitó a entretenerse con el puro un rato, antes de volver al ataque-. Es solo que... Ella está muy enamorada de ti.
-Lo se -Daniel se limitó a beber del tequila-. ¿Y eso a que viene de repente?
-Bueno, chico, no te ofendas, pero... Algo me dice que tú no la amas tanto como ella a ti.
-¿Y es por eso que me has traído a este lugar? -Daniel hizo una seña con la mano, como si tratara de abarcar todo el lugar. Se encontraban en un bar de mala muerte, con prostitutas bailando sobre las mesas, enredándose en los tubos, y degradándose a sí mismas.
-Solo te traje de vuelta al mundo de los mortales, chico. Desde que andas con esa "señora" no sabes mirar abajo. Ella te ha llevado muy alto, te está corrompiendo.
-No es una señora.
-Es diez años mayor que tú.
-Eso no quita...
-Te ha dado casa, auto, escuela, comida, ropa, lujos. Si, Daniel, en pocas palabras te ha dado lujos y te trata como su niño mimado, te compra y luego te lleva como perro de feria a exhibir frente al resto de sus amigos ricos. Deberías de sacarle el máximo provecho ahora que puedes, y después, deshacerte de ella. Que te compre, si eso es lo que quiere, pero después tendrá que pagar las consecuencias.
Daniel se quedó callado. No sabía que responder a ello. Bueno, sí sabía, pero no quería sonar... Desvió la mirada del tequila, y se concentró en una bailarina que se encontraba recibiendo unos dólares de un viejo gordo y calvo. Suspiró antes de mirar a Rob nuevamente.
-Tú puedes hacer que ella te dé lo que quiera -dijo Rob-. Yo lo haría.
-Lo sé -respondió Daniel-. Pero la diferencia entre tú y yo, es que yo la amo.
El caballito de tequila llegó a su fin. Mientras Daniel contemplaba un extraño reflejo en el caballito, suspiró nuevamente.
-Yo la amo, y quiero olvidarla. Yo no quiero una vida feliz a su lado...
24 de junio de 2010
20 de junio de 2010
The Night-ed
El sonido del despertador repiqueteaba por toda la habitación. El sol resplandecía mientras se reflejaba en las paredes color blanco perla. Aquellos cuadros de campos de flores y naturaleza muerta adornaban la soledad de semejante habitación. Extrañamente, las puertas del balcón estaban abiertas, con lo que las largas cortinas, a su vez blancas y vaporosas, revoloteaban a causa de la brisa matutina.
Y el despertador seguía sonando.
Una mano blancuzca, un poco pálida, se asomó por debajo de las cobijas color vino tinto. Lo único que rompía con el blanco de la habitación. De todo el lugar.
La mano de Alesana dio a tientas con el despertador, y mientras lo jalaba a las profundidades de la cama, el repiqueteo de la alarma aquella dejó de sonar. Un par de segundos después, las cobijas se retiraron para que ella pudiera sentarse, desperezarse, y contemplar su reflejo en el espejo del tocador, con mirada somnolienta.
Tenía pocos recuerdos de la noche anterior, pero no le preocupaba demasiado. Después de todo, ~esas noches~ eran todas iguales.
Miró alrededor, lentamente. En la cama se encontraba sólo ella, lo cual no era para nada extraño, ya que todos aquellos hombres se levantaban a primera hora del día, para no llegar tarde a la oficina. Los restos de ropa que quedaban esparcidas por todo el suelo de la habitación, no eran más que de ella.
Mientras se ponía de pie, su largo cabello oscuro susurraba al hacer contacto con su piel blanca y pálida. Tallándose los ojos, caminaba a ciegas hacia el baño, para darse su acostumbrada ducha matutina. No fue necesario quitarse la ropa, ya que obviamente no traía nada sobre sí misma; de modo que al abrir el grifo del agua fría, el agua golpeó directamente su piel, haciéndola despertar de golpe.
Como siempre, los sucesos de la noche anterior regresaban para hacerle compañía, con lo que sólo conseguía una sensación de soledad, y se obligaba a sí misma a tallarse el cuerpo con un poco más de fuerza que debería de aplicar, dejando su piel un poco rosada.
Una hora y media después, con los botines rojos de Gucci, los pendientes de diamantes de la nueva colección de Dolce & Gabanna, y aquel abrigo de piel de zorro de Armani Privé, se dio un pequeño rocío del Chanel No. 5 y tomando la bolsa color vino tinto de Louis Vuitton, Alesana se dispuso a salir a la calle.
Acostumbrada a vestir con todos aquellos regalos carísimos (de todos aquellos hombres que intentaban seducirla con joyas y ropa exclusiva, para terminar agradeciéndoles aquellos lujos en la cama), Alesana salió con la frente en alto de su departamento (regalo de un Griego que la visitaba una vez al mes), y enfiló hacia la 5ta Avenida. Encontrar un taxi en la ciudad de Manhattan no era difícil cuando enseñabas un poco de piel y un billete de 100 dólares.
Entrar y salir de cada una de las tiendas era un trabajo cada vez más cansado. Mientras las bolsas se iban amontonando bajo el brazo, coger el celular y marcar se tornaba más difícil en cada nuevo intento. Sobre todo cuando el único número con el cuál había estado intentado comunicarse todo el día, no paraba de sonar ocupado, o en todo caso, fuera del área de servicio.
A las 4 en punto, el tecleado del número marcado cambió. Conteniendo un largo suspiro, solo fue necesario esperar un tono de marcado antes de escuchar como se levantaba el auricular del otro lado de la línea. Alesana se preparó a fingir su mejor voz.
-Buenas tardes, mon amour -se escuchó la voz grave de un hombre, en un intento muy acertado de sonar seductor. Acertado para cualquiera, menos para Alesana.
-Buenas tardes, cielo -respondió ella.
-¿Estás pasando una buena tarde?
-Como no tienes idea... -y dejó la frase en suspenso, para ocultar un poco el sarcasmo de su voz.
-¿A que se debe el motivo de tu llamada, mon coeur?
-He pasado una larga jornada aquí en el lugar de siempre -Alesana sabía que no era necesario dar más explicaciones-. Las bolsas son demasiadas, y obviamente, son algo pesadas...
-No digas más, mon chérie. Mandaré a Antonio a buscarte.
-Eres un amor -Y sin esperar más respuesta, Alesana colgó.
Tan solo un par de minutos después, uno de tantos choferes, de aquel millonario de tantos, apareció en la esquina de la 5ta Avenida y la Calle 59 y se estacionó frente a Tiffany & Co. Las bolsas de Alesana prontamente ocuparon su lugar en la parte de atrás de la limusina, y después de que Antonio ayudara a la chica a subir, cerró la puerta, dio la vuelta al vehículo, subió al asiento del conductor, lo puso en marcha, y recorrió el acostumbrado camino hacia el apartamento de la chica, ubicado unas calles más abajo, y a la derecha, del Central Park.
Una vez las bolsas estuvieron dentro del apartamento, esparcidas por el suelo de la estancia, Alesana se despidió del chofér (Antonio hizo su acostumbrada reverencia y partió en silencio), y mientras se quitaba los zapatos y la bolsa caía rebotando en el sillón, Alesana entró a la habitación, donde el abrigo emitió un ruido sordo y resbaló de la cama para terminar en el suelo.
La ropa poco a poco fue haciendo un camino rumbo al baño. Las sales aromáticas cayeron en la tina, y después de un par de minutos en los que ella se contemplaba en el espejo, el grifo del agua se cerró, y Alesana entró a la tina llena de agua caliente con olor a lavanda.
El teléfono no tardó en sonar, y la mano de la chica no tardó en tomarlo y contestar. Pero su voz de felicidad se vino abajo cuando comprobó quién se refería a ella desde el otro lado de la línea.
-Il mio amore, es un placer hablar contigo en esta velada escarlata, llena de estrellas que no asemejan su brillo al destello que produce tu cabello en estas noches de luna llena.
-Supongo que también es un gusto hablar contigo, corazón.
-Scusi me por llamarte tan tarde, pero es que el trabajo en la oficina ha sido agotador, spaventoso, spaventoso; y apenas he tenido tiempo de desembarazarme de tanto ajetreo y así poder dedicarte toda mi atención.
-No tienes que disculparte -Alesana había tomado nuevamente un tono alegre en la voz, aunque su mirada no denotaba el mismo entusiasmo-. Yo también he estado un poco ocupada.
-¡Ah! Mi fa male escuchar algo así. ¿Te parecerá cenar conmigo mañana al atardecer para poder relajarnos un poco? Sarà lieto di averti vicino -Alesana se incorporó en la tina, y mirando su reflejo jabonoso en la pared de vidio que tenía frente a ella, se apresuró a mentir.
-Mi dispiace tanto, amore, pero mañana tengo programada ya una salida.
-¿E 'scortese chiedere chi?
-En absoluto, mio amore, se trata de una compañera de la Universidad. Hace años que no la veo.
-En ese caso, supongo que no hay nada que pueda hacerse. Che desolazione. Pero prometo llamarte mañana mismo sin falta para estar al cuidado de tí, mio amore. Que pases una bella notte.
-Lo mismo para ti. Ciao.
Y el teléfono volvió a ser colgado. Alesana lo colocó fuera de la tina, y se sumergió por completo en la espuma.
El reloj marcaba ya las 9 de la noche. Alesana se encontraba sentada en la sala con un Vodka Martini en una mano, y el teléfono en la otra. Había recibido un par de llamadas más, pero las había rechazado todas. Esa noche, en particular, no parecía tener ánimos para soportar mimos. Al menos, no de aquellos empresarios que se portaban empalagosamente atentos y preocupados por su ~bienestar~.
Mientras las aceitunas recorrían el fondo de la copa, ya casi vacía, sus ojos se perdían entre los botones del teléfono, y la duda sobre si marcar o no marcar, revoloteaba y crecía en su cabeza.
Marcó una vez, pero si bien el teléfono no logró dar ni un solo tono de marcado, Alesana colgó.
Un nuevo trago a la copa dejándola vacía, le dio tiempo suficiente de ir al mini bar, cambiar la copa por un vaso y servirse, esta vez, un poco de Whisky. Ya devuelta al sillón, y después de un largo trago, el teléfono nuevamente ondeaba en su mano, y Alesana volvió a marcar. Y esperó.
Esperó.
Esperó.
Estaba por colgar, cuando se escuchó como se conectaba la llamada. El corazón se le aceleró, y su mano sujetó fuertemente el vaso de Whisky, el cual se agitó peligrosamente en su regazo.
-Buenas noches -fue lo único que alcanzó a balbucear.
-Buenas noches -respondió aquella voz. Alesana respingó un poco al comprobar que era justo la voz con la que deseaba hablar, y un par de gotas del Whisky cayeron sobre su bata de seda rosa, pero no se dio cuenta.
-Te he estado marcando todo el día -fue lo único que alcanzó a decir, pero se apresuró a corregirlo-; me imagino que estarías ocupado.
-Si, algo así -respondió aquella voz, secamente.
-Siento tanto haberte importunado, pero necesitaba hablar contigo.
-Adelante -Alesana sintió el temblor de su mano, pero aferró el teléfono con mayor fuerza, haciéndose un poco de daño en la oreja.
-Mañana tengo el día libre, y estaba pensando en que tú y yo, podríamos...
-¿Me estás invitando a salir? -la voz se escuchaba un poco agotada, y Alesana pasó por alto el hecho de ser interrumpida. Guardó silencio un par de segundos, pero prontamente replicó con un modesto "sí"-. Lo siento tanto, pero mañana estaré ocupado.
-¿Cuanto ti...?
-Todo el día. Desde el amanecer hasta el ocaso.
-Podríamos vernos en la noche...
-Estaré demasiado cansado para prestarte la atención debida. Ahora, si me disculpas, tengo que ir a dormir. Mañana será un largo día.
-Je t'aime...
La llamada se cortó antes de que el susodicho pudiera escuchar las últimas palabras de Alesana. Fue en el mismo instante en que la copa de Whisky resbalaba de su mano, y el líquido color oro se desparramaba por la alfombra color blanco perla, para variar.
-Has tardado mucho... -dijo una voz seductora, perteneciente a una pelirroja que se encontraba sentada de manera un poco provocativa, en el sillón.
-No encontraba las copas.
-Como si fuera la primera vez que vienes aquí -la pelirroja disimuló una risita, mientras se ponía en pie. El crepitar del fuego en la chimenea hacía que su cabello pareciera fuego también-. He escuchado sonar tu celular mientras estabas allá...
-Número equivocado -fue lo único que respondió. Colocó las copas altas en la mesilla que estaba junto al sillón, sacó el celular, y mientras la pelirroja veía como lo apagaba, lo aventó sin miramientos al sillón, donde se perdió entre los cojines. La pelirroja sonrió nuevamente, y lo abrazó por el cuello.
-Así es mejor, nadie nos molestará esta noche -susurró antes de deslizar sus labios por los suyos.
Aquel joven respondió al beso, sujetando su cintura firme, aunque dulcemente, mientras que a tientas, con la otra, buscaba la botella de Champagne.
-Hazme tuya esta noche, Jacoby...
-Te lo prometo, Clarisse, te haré mía como nunca nadie lo ha hecho...
Al otro lado de la ciudad, Alesana se encontraba perdida en sus pensamientos, sujetando una botella de Ron recién abierta, con la mirada perdida, y los ojos bañados en lágrimas.
El único hombre que había amado en su vida, amaba a otra en su lugar...
"A volte la vita può essere molto crudele."
18 de junio de 2010
The Lonely
Se arremolinan todos estos pedazos de papel, con palabras escritas en ellos. Son todas estas frases especiales que he guardado a lo largo de mi vida; todas ellas a las cuales me niego a renunciar. Algunas de ellas son por admiración. Otras son sólo porque suenan bien. Varias de ellas han sido escritas por mí, mientras que otras pocas las he robado de tu mente, mientras dormías.
Necesitaba huir de todo. Ni siquiera los lugares comunes a los que acudía en mi desesperación anteriormente eran los correctos para las actuales ocasiones: estaban todos llenos de ti. Ahora tengo la creciente necesidad de encontrar nuevos espacios para tener dónde esconder mi cara, la cual está sucia por todas las lágrimas que he estado derramando.
Sé que en estos momentos, saber de mí es lo menos que estás esperando de la vida. Entiendo que me haya vuelto algo innecesario para ti, pero aún así, yo sigo teniendo ciertos motivos que me impiden olvidarte. Y aún con lo anterior que he dicho, estoy segura de que ya no quiero abrazarte. Mucho menos darte un beso. De hecho, sólo quiero que sigas caminando, y que no se te ocurra mirar atrás.
No puedo soportar tu mirada crítica y calculadora que me recuerda todas y cada una de este paquete de mentiras que forman mi persona. La verdad, ya no importa. Soy lo que decidí ser, y por ningún motivo quiero cambiarlo. Estoy consciente de que he cometido demasiados errores por ser yo misma, pero la verdad es que no me arrepiento de ellos. Poco a poco, todos ellos me han hecho llegar a este punto estancado en el que me encuentro desde hace tiempo. Este punto del cual no quiero salir.
Supongo que se llama resignación. Quizá sigo con mi falacia de creer que algo bueno me depara el Karma. No sé cual sea el final de mi camino, pero al menos espero poder llegar a él. Quizá debería esperar a que el destino llame a mi puerta; quizá debería yo salir a buscarlo.
Sólo esperaré que el frío pase...
"Tu podrás llamarlo ~Interesante~. Yo prefiero ~Necesitada de Atención~."
Necesitaba huir de todo. Ni siquiera los lugares comunes a los que acudía en mi desesperación anteriormente eran los correctos para las actuales ocasiones: estaban todos llenos de ti. Ahora tengo la creciente necesidad de encontrar nuevos espacios para tener dónde esconder mi cara, la cual está sucia por todas las lágrimas que he estado derramando.
Sé que en estos momentos, saber de mí es lo menos que estás esperando de la vida. Entiendo que me haya vuelto algo innecesario para ti, pero aún así, yo sigo teniendo ciertos motivos que me impiden olvidarte. Y aún con lo anterior que he dicho, estoy segura de que ya no quiero abrazarte. Mucho menos darte un beso. De hecho, sólo quiero que sigas caminando, y que no se te ocurra mirar atrás.
No puedo soportar tu mirada crítica y calculadora que me recuerda todas y cada una de este paquete de mentiras que forman mi persona. La verdad, ya no importa. Soy lo que decidí ser, y por ningún motivo quiero cambiarlo. Estoy consciente de que he cometido demasiados errores por ser yo misma, pero la verdad es que no me arrepiento de ellos. Poco a poco, todos ellos me han hecho llegar a este punto estancado en el que me encuentro desde hace tiempo. Este punto del cual no quiero salir.
Supongo que se llama resignación. Quizá sigo con mi falacia de creer que algo bueno me depara el Karma. No sé cual sea el final de mi camino, pero al menos espero poder llegar a él. Quizá debería esperar a que el destino llame a mi puerta; quizá debería yo salir a buscarlo.
Sólo esperaré que el frío pase...
"Tu podrás llamarlo ~Interesante~. Yo prefiero ~Necesitada de Atención~."
06/01/10
13 de junio de 2010
The Needed
"Llama, no importa la hora, que yo estoy aquí
Entre las cuatro paredes de mi habitación
Y es importante al menos decirte
Que esto de tu ausencia me duele, y no sabes cuanto"
El tic-tac del reloj se funde con el goteo de la llave aquella que nunca ha cerrado bien; mientras el rugir del inexistente viento intenta escaparse por la ventana, aquel repiqueteo de la puerta se extingue junto conmigo.
Mientras el negro se funde con tu silueta, y recuerdo vagamente el tacto de tu piel, intento recordar aquellos tiempos en que la sonrisa formaba parte de mi rostro, y siento como mis pesados brazos intentan aferrarse a aquella sombra que se me a figura a ti, en mi techo blanco escarlata, y que resulta ser sólo mi imaginación.
"Ven, aparece, tan sólo comunícate
Que cada hora es un golpe de desolación
Es demasiado aburrido no estar a tu lado"
El ritmo de la música se funde en mi boca, mientras el calor me atonta y cierro los ojos para ver los tuyos una vez más. Perdiendo la noción del tiempo, se escapa poco a poco mi juventud, entre estos suspiros que acompañan cada letra de tu estrofa. Palabras que nunca llegarás a escuchar.
El agua de la regadera poco a poco borra las marcas superficiales que adornan esta piel marchita, pero aquellas marcas interiores siguen ahí, estigmas de aquel pasado que no se puede cambiar. Mientras mi boca sigue articulando momentos falsos de perdón y redención, mi mente sigue imaginándose aquellos falsos momentos en que las cosas mejoran y el gris de las nubes es tragado por el brillo dorado del sol.
"Ven, que mi alma no quiere dejarte ir
Que los minutos me acechan, aquí todo es gris
Que alrededor todo es miedo y desesperanza"
Un complejo de culpa del cual no puedo escapar. El cual se ha apoderado de la confianza, y lo carcome como si se tratase de un vil espejismo. Intentando encontrar aquellas palabras para recuperar lo perdido, sigo ocasionando líos en mi cabeza, porque sigo sin saber que es lo que deseas escuchar, qué es lo que necesito que sepas.
No puedo definir lo que en estos momentos es importante.
"Ven, que nunca imaginaba como era estar sola
Que no es nada fácil cuando te derrotan
Que no sé que hacer, y aquí no queda nada de nada"
Los párpados se me cierran, pero el sueño no viene. El dolor de cabeza sigue presente, pero se olvida cuando intento levantarme a buscar una aspirina, ya que no puedo con mis piernas, con mis brazos. Con todo mi cuerpo. Hacía mucho que no me derrotaba el mundo y me obligaba estar en cama, dando vueltas por toda ella, ignorando el llamado de las demás personas; mientras la música poco a poco se pierde en un abismo, y solo queda ese zumbido idiotizo de mi mente.
Aquel punto que se dibujó en la pared, ahora se encuentra rondando en el techo. No entiendo que se supone que quiere de mí. Si tan sólo aquella música se callara y me dejara pensar con tranquilidad. Si tan sólo el piano y el violín dejaran de producirme este efecto soporífero, yo podría enfocarme en ti.
"Llama y devuélveme todo lo que un día fui
Esta locura de verte se vuelve obsesión
Cuando me invaden esos días tristes
Siempre recuerdo mi vida, yo como te amo"
Siento la necesidad de arañarme a mí misma, pero el contacto con mi propia piel me escuece. Marchita. Se siente como algo muerto. Supongo que la putrefacción de adentro poco a poco está saliendo al exterior.
Si pudiera separarme de mí misma, y omitírme aunque sea por un par de horas, podría separar de mí estas ideas que involucran de nueva cuenta a la pared. A los golpes.
"Ven, que mi cuerpo la pasa extrañándote
Que mis sentidos se encuentran fuera de control
Es demasiado aburrido no estar a tu lado"
He perdido la cuenta del tiempo. Ya no sé si se trata solo de horas, de días. De vidas enteras en las cuales he muerto y reencarnado para repetir el mismo patrón. Y sin embargo, aquí sigo escuchando a aquellos que me preocupan, que me abstienen de aventar todo por la borda, de fingir felicidad. De expresarme como realmente soy.
No entiendo el poder de los amigos. La facilidad con la que una simple mirada te obligan a agachar la tuya, saltar en un abrazo y llorar hasta sus últimas consecuencias. Desahogo. Necesito un poco de tiempo antes de admitir que lo necesito.
"No me enseñaste como estar sin ti
¿Y qué le digo yo a este corazón?
Si tú te has ido y todo lo perdí
¿Por dónde empiezo si todo acabó?
No me enseñaste como estar sin ti
¿Cómo olvidarte si nunca aprendí?"
Thalía - No Me Enseñaste
11 de mayo de 2010
The Was It A Dream?
Se trataba de una estación de trenes. Aquella muchacha cuyo rostro denotaba una ascendencia asiática, tomaría el tren que salía con destino hacia la ~izquierda~. También había un chico, que con toda seguridad era japonés, y que sabía que su tren salía hacia la ~derecha~. La muchacha abordó el vagón de su tren, y detrás de ella, entró el muchacho. Y fue así como el tren partió hacia la ~izquierda~.
La vía era completamente recta, y el tren llegó a su destino en lo que parecía ser un montón de chatarra que obstruía las vías. Del tren sólo bajó ella, porque era la única pasajera. Caminó con paso decidido hasta un grupo de señores, de donde se apartó uno de ellos, y juntos subieron la montaña de chatarra, para tener una vista del lugar. Tengo entendido que aquel pueblito se llama Santa Eulalia.
La contemplación de la panorámica duró un par de ~minutos~, tras de los cuales, bajaron nuevamente aquella pila de chatarra, y se encaminaron a la ciudad, Chihuahua capital extrañamente solo tomó un par de minutos de caminata. Se encontraban exactamente en la plaza del ángel, y la chica en cuestión ahora se trataba de mí. El señor de la chatarra se había convertido, extrañamente, en mi papá. Estuvimos un rato caminando por las calles aledañas, y terminó comprándome una nieve de vainilla. Cuando regresamos a la plaza del ángel, me adelanté al centro del lugar, y un camión, extrañamente un Ramiro Valles, se cruzó entre nosotros dos, subiéndose a la explanada. Cuando terminó de pasar, mi papá ya no estaba ahí, su lugar lo ocupaba, nada menos que mi ex, Carballo.
Me sorprendí al verlo ahí, con lo que él me tomó de la mano, y me llevó al lugar donde acostumbrábamos estar, junto a toda su bolita de amigos, donde extrañamente se encontraba una de mis mejores amigas de bachillerato: Elizabeth. Me acerqué a ella y la abracé, y le pregunté sobre su bebé. Me respondió que tenía ya un año y 7 meses, y que la había dejado en casa porque estaba durmiendo. Fue entonces cuando yo la regañé, por haberla dejado sola.
En ese momento, se escuchó la voz de alguien, anunciándonos que dentro de poco comenzaría un toquín en la plaza de armas, como siempre. Se escuchó el asentimiento general, y todas las personas ahí reunidas, se dispusieron a ir.
Nos encontrábamos ya caminando por la líber, cuando Carballo se colocó a un lado mío, e insistía en tomarme de la mano. Me negué, varias veces, pero el insistía tanto, que poco a poco empecé a sentir ese miedo que me inunda las veces que me llego a acordar de él. Empezó a presionarme, y yo poco a poco me fui alejando. Necesitaba una vía de escape. Y fue entonces cuando me dí cuenta: yo ya tenía una persona especial que me defendiera y me cuidara de todo lo malo que pudiera pasarme. Bakura.
Tomé el celular y marqué su celular. Con esa clave que comienza con 77 y no tengo la menor idea de dónde es. Pero qué importaba, Bakura me había dicho que se encontraba en la ciudad. Me puse el teléfono en el oído, y mientras escuchaba los tonos, un celular empezó a sonar detrás de mi. Al darme la vuelta, pude ver a Carballo sacando su celular de su bolsillo, en cuya pantalla podía verse una llamada entrante de ~mi~ celular.
Fue en ese momento en que me gritó "TE GANÉ" y empezó a reírse de mí en mi cara. Empezó a gritar mil y un cosas más sin sentido, mientras ondeaba su celular como si tuviera en sus manos una prueba absoluta de algún crimen. Finalmente, me llamó "mentirosa" y "celosa" y fue entonces cuando ya no pude más: tomé a Elizabeth de la mano, y salí corriendo.
Terminamos escondidas en lo que parecía ser una parisina. Mientras ella se divertía mirando las telas, yo estaba en shock. Fue en ese momento en que me dí cuenta de que todo era cierto, y al mismo tiempo, todo era falso: Bakura nunca había existido, todo había sido siempre una mentira demasiado bien planeada para mantenerme controlada, una persona falsa que me infundiera seguridad, amistad, amor, confianza. Se trataba de un engaño demasiado bien planeado, y en el cual yo había caído tontamente. Y fue en ese momento en que me dí cuenta, de que nunca había visto su rostro, ni en fotografías. La verdad cayó sobre mí de una manera aplastante.
Entonces, mi subconsciente despertó de manera sobresaltada, y mientras me deslizaba fuera de la cama para callar la alarma de mi celular que la noche anterior se había quedado sobre el tocador, me dispuse a caminar hacia el baño a darme una ducha, con la canción del promocional de "yo amo el fútbol" retumbando en mi cabeza, y agradeciendole a ~alguien~ o ~algo~, que a Zack el fútbol no le gustara.
Mi mente cada día está más dañada...
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