The Gringotts

Entra, desconocido, pero ten cuidado

con lo que le espera al pecado de la codicia,

porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,

deberán pagar en cambio mucho más,

así que si buscas por debajo de nuestro suelo

un tesoro que nunca fue tuyo,

ladrón, te hemos advertido, ten cuidado

de encontrar aquí algo más que un tesoro...


21 de septiembre de 2010

The I've Got

Tengo el cerebro vacío. Directamente proporcional al cuadrado de todo lo que estoy pensando. Todas aquellas cosas que resumidas cuentan la historia, y que son imposibles de explicar.

Tengo la cabeza revuelta. Felicidad y tristeza se funden en un solo espacio en donde inunda el recuerdo. Y la necesidad.

Tengo un complejo, pero no es de culpa. Si no más bien de remordimiento por burlarme de ti. Pero cabe admitir que cada que me doy la vuelta y te ignoro, es una batalla librada y ganada, y aquel trofeo ya nunca me lo podrás arrebatar.

Tengo sentimientos. De amor, de odio, de tristeza, de decepción. Tantas historias sin contar, que si te las relato en estos momentos, no contarán nada. Historias olvidadas que con el paso de las décadas, no significan nada más.

Tengo futuro. Y no pienso retroceder por ti. Y que si ahora me volví lo que siempre despreciaste, te agradezco por seguir pensando en mi. y ódiame, ya que yo no lo hago.

Tengo... Tengo tantas cosas que al mismo tiempo me hacen falta. Ignorando nombres y situaciones, y limitando el panorama a los recuerdos y añoranzas, me he decidido a no mirar atrás y aceptar lo que acontece dado que, después de todo, este futuro se ha formado a raíz de las decisiones tomadas en el pasado. Decisiones tomadas por nadie más que por mi.

Y así voy a tener el baúl de mis recuerdos, ajeno al de mis sueños.

6 de septiembre de 2010

The Angel

Aquí estoy otra vez
Encerrada en mi habitación
Y no comprendo
Como fue que otra vez
Caí en la misma trampa del amor
Amor incierto

Y es que ya mi alma está
Gastada y deteriorada
Ya no hay reparo
Herida estoy al final
Siempre es la misma historia, un cuento
Y me lamento

La duda sigue en mi cabeza
Aún deseo saber que hice mal
Camino hacia atrás

Y al final todo fue
Demasiado perfecto que hubo que desconfiar
Y resta llorar

Debo dejar de entregar
Mi corazón tan fácil y sincero
Ya no decir te quiero

Y es que esta fue la ultima vez
Que te juro, me vuelvo a enamorar
Hoy hablo en serio...

30 de agosto de 2010

The One

No sé como titular esta entrada, y no sé como abordar el tema.
Y es que sé que soy solo yo la que se daña el alma al no exponer las cosas.
Pero más vale desahogarme en este momento, y así evitar que después duela.
Prefiero sanar de una vez mi alma y superarme, para no quedarme sola.

Ahora que la vida sigue su curso y las cosas pasan solo porque sí.
Me doy cuenta de que te agradezco por haberme pedido ser paciente cuando en aquel momento yo no supe entender.
Y aunque en este momento sé que lloraré y me enojaré, en algún momento de mi vida volveré a ser feliz.
Por más que el pasado siga queriendo aferrarse a mi piel, o sea completamente al revés.

Ahora que las piezas se acomodan una tras de otra.
Puedo ver entre la neblina y darme cuenta de que así, sola, estoy mejor.
Porque no debo creer en tus palabras cuando ya se volvió algo cierto.
Que tú no me amaste y aun esperabas regresar el tiempo...

No escucharé tus falsas excusas en las que me dices que como malinterpreto las cosas.
Soy más inteligente que tú y puedo leer entre tus lineas.
Ojalá y tu pudieras hacer lo mismo y ver mis matices.
Pero sé que sigo esperando imposibles y que de nada vale la pena...

Ahora finge ser feliz cuando ambos sabemos que por dentro el odio te carcome.
Y yo seguiré superando mis miedos buscando en este mundo a alguien que me valore.
No eres el único que creyó haber encontrado al amor de su vida.
Y te aseguro que después de ti, aun me queda mucho camino para perderme en la deriva.

No me pidas imposibles, ya te expliqué como está la situación.
No esperes que me trague el orgullo solo por ti.
Si sabes que fue lo que hiciste, entonces para qué me preguntas.
Ahora es tiempo de que aprendas a vivir sin mi.

Yo ya me fui...

29 de agosto de 2010

The Count Back

La primera vez que la vi, fue de lejitos. Vestía de color morado, y le sentaba demasiado bien. Era pequeña, pero no se veía frágil, y su voz llegó a mis oídos como un sonido cálido pero vivaz. Y en ese momento fue que descubrí que ella era perfecta para mí.

La primera vez que le hablé, fue gracias a una amiga que me hizo el favor. Mi corazón estaba algo nervioso, pero mi cabeza decía que no era nada que no pudiera manipular. Platicar con ella era muy fácil, sobre todo porque ella era la que llevaba el hilo de la conversación, y tenía mucho de donde platicar. Su vida era muy interesante, y yo deseaba conocer cada vez, un poco más.

Después de ese primer encuentro, no pasó gran cosa. Me saludaba, pero como si me tratara solo de un conocido. Bueno, al menos algo era algo, y ese algo era de donde podía empezar a construir un poco más. Solo tenía que irme haciendo presente en su vida.

Cada que la veía la saludaba, y trataba de sacar conversación. Era un poco más fácil porque podía valerme de cosas que ya hubiera aprendido en pláticas anteriores. Pero también me daba cuenta de que era algo difícil porque ella nunca estaba sola, y al parecer yo no era el único que estaba interesado en ella.

Y además, ella ya estaba enamorada.

Sigo sin saber como fue que me gané esa confianza, para saber todos los pormenores de su relación fallida. Su semblante era alegre y destellaba felicidad cuando hablaba con los demás, pero cuando salía aquél tema amoroso, su mirada se oscurecía y su semblante denotaba dolor.

Y fue así como poco a poco me enteré de todo el daño que había sufrido su pobre alma, y como me decidí a ser yo quien lo repararía.

Y simplemente, un día declaré mi amor.

Ella se sorprendió y me pidió que no insistiera, que lo olvidara. Que seguía demasiado enamorada como para olvidar de la noche a la mañana. Y yo me resigné.

Un mes después, ella vino a mi, recién terminada de llorar, a decirme que ya dejaría aquella relación fallida en el atrás, y que seguiría con su vida. Y yo nuevamente me declaré.

Ella se sonrió, y me abrazó diciendo que no me diera por vencido. Eso significaba que tenía una oportunidad, pequeña, pero que la tenía.

Lo que pasó después no tiene que saberse, pero fui feliz los pocos días en que ella llegó a considerarme algo serio. De repente algo pasó: aquél tipo que la había tenido enamorada poco más de 3 años regresó, y ella se sintió insegura, y ya no quiso saber nada más sobre mí.

Me esquivaba la mirada, no tomaba mi mano, y nunca más la pude volver a besar. Y fue doloroso para mí, ya que yo esperaba que algo serio comenzara a surgir.

Y es que a fin de cuentas, ella nunca me habló de frente. Ella solo me ilusionó. Ella sufría y amaba, no a otro, sino a varios más, contra los cuales no podía competir. Y yo la seguía queriendo.

Sigo sin saber qué hago mal.

"Y es que, aunque no quieras creerme. En verdad, lo que yo menos quería, era herirte. Y te pido perdón por querer aliviar mi soledad contigo."

6 de julio de 2010

The Arrival

Seguirle la pista a Daniel Stevenson no resutó ser muy difícil, pensaba para sí mismo el investigador privado Robert ~algo~. Ni en sus pensamientos se dignaba a pronunciar su apellido. Sonriendo para sí mismo, admiraba la estupidez de su presa. Un Cadillac rojo era una huella demasiado fácil de seguir.

Ahora, Robert se encontraba sentado en un Starbucks, tomando un frapuccino de cajeta, mientras sostenía el New York Post y fingía que lo leía, con mirada cansada. Hacía días que no dormía muy bien. Había salido corriendo de su departamento en Los Ángeles, hacía una semana, y ahora finalmente podía sentarse a descansar tranquilamente. Había estado llamando al celular de Christine cada 12 horas, indicando su posición, la localización del perseguido, la situación, los pormenores... Cuando Robert se encontraba desempeñando su trabajo, se sentía todo un agente del FBI persiguiendo al número uno de los 10 más buscados.

El vaso de frapuccino llegó a su fin. Robert dobló el periódico, y contempló el Cadillac rojo que estaba estacionado en la acera de enfrente. Llevaba estacionado ahí cerca de una hora, y no parecía que fuera a moverse durante un buen tiempo. Miró el reloj que pendía de su muñeca: faltaban 5 para las 11. Se levantó de la mesa, y se dirigió al teléfono público de la esquina. Marcó el celular de manera automática. El único número que marcaba desde hacía años.

La llamada se conectó al segundo tono.

-¿A que no adivinarás dónde estoy ahora?
-¿Robert?
-Si, ¿quién más?
-Me estás llamando de un teléfono público, podría ser cualquiera.
-Debo estimar precauciones a la hora de comunicarme contigo. No sea que interfieran la llamada.
-No seas idiota...
-Me gusta tu voz enojada. Te hace sonar un poco más sensual de lo que ya eres.
-Déjate de tonterías y dime, ¿dónde estás?
-He llegado a New York...
-¿New York? ¿Y qué rayos haces allá?
-He seguido a tu sospechoso número uno a través de todo el país. Al parecer ha encontrado refugio en la casa de la madre de un amigo suyo.
-¿Sabes quien es el amigo?
-El sujeto se llama Rob Thomas. 30 años de edad, tez oscura, alto, fornido. Un simio.
-Esta noche, mándame un fax con la dirección exacta.
-¿Y eso para qué?
-Porque voy para allá.
-Entendido.
-Y otra cosa. Ya que estás en New York, necesito que busques a otra persona.
-¿Nombre?
-Rosallie Founté.
-¿Y a ella de qué se le acusa?
-No es sospechosa de nada, se trata de mi sobrina. Trabajarás para ella también. Preséntate como recomendado mío.
-¿Pagará ella mi sueldo?
-No. Lo haré yo. Te lo entregaré personalmente cuando llegue allá. El trabajo que realizarás para ella no es complicado, de hecho, ya lo has realizado para mí. Solo limítate a entregarle a ella la información que te pida.
-¿Y cuanto será mi paga por ello?
-La mitad del trabajo normal.
-Te lo cambio por una cena.
-Idiota...

Y la llamada se cortó. Robert colgó el auricular mientras reprimía una risita. Christine Talasha era una mujer difícil de conquistar. En su cabeza seguía la eterna pregunta de cómo lo había conseguido el idiota de Daniel Stevenson. Escupió en el suelo, y metió las manos a los bolsillos de la gabardina negra. Dirigió una rápida mirada a la casa que tenía aquel Cadillac rojo estacionado en la acera, y sonrió nuevamente. Lentamente, emprendió el camino de regreso al hotel donde se hospedaba.





Rosallie había aterrizado en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, alrededor de las 10 de la mañana. No tenía ni la menor idea de qué hacer, o a dónde ir. Después de pensarlo un poco, se limitó a tomar un taxi e ir a hospedarse en un hotel, no muy caro. Después de todo, necesitaba empezar a reunir fondos nuevamente. El único modo que tenía en esos momentos de ganar dinero fácil y rápido, era empeñar ciertas cosas suyas de valor. Preferiría no hacerlo hasta que fuera estrictamente necesario.

Se encontraba en la ducha cuando su celular empezó a sonar. Cerró la regadera y se envolvió en una toalla. Tomó el celular, y abrió el mensaje que Christine acababa de enviarle.

"El investigador privado llegará en cualquier momento a tu puerta. Asegúrate de recibirlo con una sonrisa."

Rosallie sonrió para sí misma, y en ese momento, tocaron a la puerta de su habitación. Acomodándose la toalla un poco mejor, se dispuso a abrir. Al otro lado de la puerta se encontraba un hombre algo mayor, de tez no muy clara, con el cabello castaño y ojos negros, enfundado en una gabardina igual de negra. Atractivo, en una sola palabra.

-¿Rosallie Founté? -Rosallie dijo que sí con la cabeza, y aquel señor entró sin dar más explicaciones.
-Disculpe, pero... ¿Quién es usted? -preguntó esperando que sus sospechas fueran confirmadas.
-Disculpe mi falta de caballerosidad, pero no puedo revelar información confidencial a medio pasillo. Sobre todo cuando usted llama tanto la... atención -Rosallie sintió que se ponía colorada, y se sujetó la toalla con un poco más de fuerza.
-Ajá... -tartamudeó ella.
-Mi nombre es Robert. Soy su investigador privado.
-Algo así va la pinta que trae.
-Gracias, me gusta desempeñar bien mi papel. Bueno, he venido a traerle la información que me pidió.
-Pero si aún no le pido nada.
-Quizá no directamente. La señora Christine, su tía, me ha informado... ¿Usted desea toda la información que poseo sobre Leopold Hudson, no es así?
-Si...
-Lo supuse. En ese caso, aquí tiene -y Robert sacó un paquete de adentro de su gabardina-. Son todos los datos que tengo sobre el, añadiendo... -y sacó de su bolsillo un papel-, su dirección actual.

Robert dejó el paquete y el papel sobre la cama, y caminó hacia la puerta.

-Por cierto, me ha dicho su tía que usted es un poco impaciente. Le recomiendo que antes de acudir a la dirección del papel, de una hojeada a los documentos del paquete.

Robert hizo un último gesto de despedida con la cabeza, y salió de la habitación. Rosallie se acercó a la cama, y abrió el paquete. Contenía 4 granes sobres, cada uno marcado con letras negras: Económico, Político, Social, y Privado. Rosallie se apuró a tomar este último y a abrirlo.

La primera hoja tenía una lista de datos: Nacionalidad Inglesa, nacido en Londres, 35 años, viudo, comprometido con Mía Roché.

Fué entonces cuando el sobre cayó al suelo desparramando todo su interior, llevándose de paso la toalla.

¿Leopold Hudson iba a casarse?