The Gringotts

Entra, desconocido, pero ten cuidado

con lo que le espera al pecado de la codicia,

porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,

deberán pagar en cambio mucho más,

así que si buscas por debajo de nuestro suelo

un tesoro que nunca fue tuyo,

ladrón, te hemos advertido, ten cuidado

de encontrar aquí algo más que un tesoro...


20 de febrero de 2011

The Blue Prince

“…La Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar. La Sirenita también subió a bordo con ellos. Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas:
-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.
Como en un sueño, la Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Más cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas:
-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!
-¿Quiénes son? -murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz-. ¿Dónde están?
-Estás con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos.
La Sirenita, conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas. Y la Sirenita, levantando los brazos al cielo, lloró por primera vez…”

“…A las orillas del lago, las jóvenes-cisne esperan tristemente la llegada de Odette. La cisne reina llega llorando desesperada, contándole a sus amigas los tristes acontecimientos de la fiesta en el castillo. Es en ese momento en que aparece el príncipe Sigfrido, y le implora su perdón, ya que él no sabía que acababa de declararle amor eterno a la gemela malvada de Odette, Odile. También reaparece Rothbart, el malvado hechizero,  reclamando el regreso de los cisnes. Sigfrido y Odette luchan contra él, pero todo es en vano, pues el maleficio no puede ser deshecho. Es ahí, cuando Odett ve su final, y se lanza al lago. La reina cisne, al ver que había perdido al amor de su vida, decide quitarse la suya, liberando así a los otros cisnes del maleficio. Es así como se ve aparecer el espíritu de Odette, ya finalmente liberado del maleficio, y siendo finalmente feliz para siempre…”

Se pueden encontrar otra cantidad de cuentos infantiles, que o no tienen nada de infantiles, o simplemente no tienen finales felices. Si Disney hubiera mantenido estas historias sin alterarlas, primeramente, las niñas que no se desmayaran o vomitaran a causa de lo descrito en los cuentos, sabrían que el "príncipe azul" no existe.

Inclusive en estas  historias que llevan miles de años contándose por todo el mundo, podemos darnos cuenta de que la actitud humana no ha variado mucho. La "princesa" sigue siendo tonta y demasiado blanda y buena, mientras que el "príncipe" sigue siendo idiota y vividor, por lo que alguna "doncella" se agandalla de esto, y se queda con el príncipe para sí misma.

Si esto lo transportamos a algo más actual, podemos sustituirlo por "la novia", "el novio", y la "puta". Y no se les ocurra mentir diciendo que en alguna relación (de ustedes, o de algún conocido) no se ha inmiscuido una puta, una zorra, una cualquiera. Porque saben que es cierto.

Ahora, si bien hay casos en que tú no te das cuenta de que la 3ra (o el 3ro) en discordia está ahí, no significa que no exista. Más aún, si te toca enfrentarl@ y superarl@, salvando así tu relación, ¿qué te asegura de que estés un paso más cerca de tu "y vivieron felices para siempre"? Nada.

Y eso solo hablando de cuando la culpa la tiene el susodicho 3ro en discordia. Y eso que no he empezado a decirte cuando el problema surge en la pareja en sí. ¿Qué pasa cuando la culpa la tiene él? ¿Cuando la tiene ella? ¿Cuando la tienes tú? ¿Cuando la tengo yo?

Es muy fácil bloquearse y echarle la culpa a los demás. Y lo es porque también es muy fácil meter la pata. Y es aún más curioso cuando la culpa se encuentra en las dos partes del asunto, y ninguno quiere dar su brazo a torcer. ¿Porque, qué pasa cuando tú decides reconocer tus errores y pedir perdón por tus acciones? Pues que la otra parte se agandalla y te embarra con las suyas también. Y ahora, cuando tú tenías tan solo el 50% de la culpa, ahora cargas con el 100%.

Pero supongo que no tengo porque decirlo, es una verdad universal. El que muestra debilidad, pierde. La supervivencia del más fuerte. Sí, hasta en el amor puede uno encontrar eso.

Y es así como en esta época, el amor es lo menos valorado. Y no los culpo, ya que yo estoy en la misma situación. Ya no es ajeno escuchar a las personas decir que no creen en el amor, porque quizá, tú también estés pensando lo mismo.

¿Cómo te defiendes cuando te engañan, cuando te cambian por alguien más, cuando te hacen daño físico, o psicológico, cuando no dejan de exponerte tus defectos, y siguen esperando que tú estés ahí dando tu apoyo sin condición, sin esperarse a pedir el perdón, y más que nada, a recibirlo, cuando la herida que no ha sanado ya está siendo picada de nuevo, y no solo eso, sino que una nueva se va formando?

En estos tiempos, suficiente se tiene con la presión de la escuela, del trabajo, de la casa, como para soportar presiones provenientes de la pareja. Pero es que cuando se está "tan bien" aquellos momentos en que se está mal, ¡qué importan! ¿Verdad? Si, pero lo que tú no ves, es que aquellos momentos en que se está mal, no deberían de existir siquiera.

Y no digo de que no deba haber peleas entre las parejas, es algo normal, sólo digo que debemos enfocarnos en qué clase de peleas son, y por donde va el asunto. No es lo mismo una leve discusión por que uno de los dos no quiere salir a algún lado, que una pelea que dure varios días porque uno de los dos ha herido el orgullo del otro. ¿Entiendes ya por donde va la diferencia?

Desde tiempos inmemoriables, la única defensa que tenemos para no arruinar las relaciones (y no hablo solo de los noviazgos o del matrimonio) es la comunicación, y el entender a la otra persona. Sólo podemos confiar en nuestras palabras, en lo que decimos, en lo que callamos, en cómo lo decimos y porqué lo hacemos. Si no hablamos con franqueza, directamente y con el corazón, la otra persona podrá maquinar en su cabeza todas aquellas lagunas que se dejaron sin decir, ¿por qué? Porque es un mecanismo de defensa, que si bien nos lastima más que la verdad (ya que la imaginación se adelanta y formula lo peor) encontramos sentido a todo aquello que está pasando.

Es decir, ocurre algo, y tú enseguida piensas lo peor porque es lo más fácil de ver, y después, cuando aquella herida que no terminó de sanar (porque no se terminó de hablar hasta que las dos partes estuvieron satisfechas) todo aquello que imaginaste se presenta en palabras atropelladas, que solo sirven para herir.

Debemos de tener cuidado con lo que decimos, y con lo que callamos. Debemos aprender a llegar al corazón de los problemas, de tener el valor de hablar, y la paciencia de escuchar. De no cerrarnos ante opiniones ajenas, pero aún así, defender las nuestras. Y más que nada, no quedarse con rencores pasados, que después volverán con mayor intensidad.

Aprender que en las discusiones y los temas delicados "NO se ríe, y mucho menos se bromea". No sabes cómo puede estar afectando el tema a la otra persona, y bromear al respecto sólo te hará ver como un insensible. Es como si dijeras que el tema te tiene sin cuidado, y que a ti no te interesa resolver nada.

Pero ya estoy hablando de algo personal, y por ahí no va la cosa. Sólo pretendo utilizar mis experiencias personales, para que alguien decida tomar el consejo, y no cometa los mismos errores que yo. Y si bien, deciden hacer caso omiso de mis palabras, entonces me volveré de aquel grupito que te dice sin tentarse el corazón:

"Te lo dije."

8 de febrero de 2011

Forward To Past: Chapter 3

Capítulo 3: la tierra de la llama

            -¡¿Te encuentras bien?! –se escuchaba el grito de angustia de un chico, y sus veloces pisadas mientras corría sobre el suelo mojado-. ¡Abuelo! ¡Abuelo! –la chica apenas y podía abrir los ojos, pero podía escuchar a la perfección. Las pisadas en el suelo mojado, y las gotas de lluvia que caían sobre algo… Seguramente tenían una sombrilla encima, ya que ninguna gota había tocado su rostro.
            De repente, los pasos dejaron de producirse, y el sonido de las pisadas desapareció. Sintió como su cuerpo era bajado lentamente, y haciendo un esfuerzo enorme, logró abrir los ojos.
            Se encontraba en el piso de una habitación azul, y podía ver la puerta por la que acababan de entrar, fuera, se podía ver y oír la lluvia que golpeaba fuertemente. Desde donde estaba, las miradas de las dos personas que se encontraban consigo, las veía desde abajo. Uno era un anciano ya muy viejo, que sonreía de manera pacífica, y el otro…
            Era un joven, como de unos 18 años, tenía la piel blanca, y unos ojos de un negro demasiado profundo. Su cabello igual era negro, y su mirada denotaba preocupación.
            -¿Te encuentras bien? –le preguntó el joven, mientras sostenía su cabeza con las manos.
            -S… Si… -fue lo único que pudo responder, antes de volver a desmayarse.

            Cuando volvió a abrir los ojos, la habitación había cambiado. Nuevamente se veía el tono azul, pero al parecer, ahora se trataba de una habitación en sí, y no el recibidor, como había sido el lugar anterior. Intentó sentarse, y sintió la suavidad de las cobijas de la cama donde se encontraba ahora, así como una mano que sujetaba la suya. La chica parpadeó y sintió la mano deslizarse fuera de la suya. Miró a la persona que la acompañaba: era el joven que la había llevado fuera de la lluvia, y dentro de ese lugar.
            -¿Te encuentras bien? –volvió a preguntar el chico, mientras se sentaba en una silla al lado de la cabecera de la cama, y tomaba un vaso vacío.
            -Si, ya estoy mejor –dijo la chica, e inmediatamente preguntó: ¿Quién eres?
            -Yo me llamo Unmei Mizu, pero puedes llamarme solo Mizu, Kaji.
            -¿Kaji? –preguntó la chica extrañada.
            -Así te llamas, ¿qué no lo recuerdas?
            -Yo, no puedo recordar nada de lo que pasó antes de que me trajeras aquí.
            -Entonces, supongo que no puedes recordar como llegaste, ¿o me equivoco? –la chica negó lentamente con la cabeza. Mizu sonrió-. Apareciste cuando regresaba de hacer mis ejercicios espirituales diarios. Simplemente te encontrabas flotando delante de mí, como si bajaras del cielo. Te sostuve entre mis brazos, e inmediatamente supe que eras tú, Kaji. Tu cabello rojo es inconfundible.
            En ese momento, Mizu empezó a jugar dándole vueltas al vaso que aún llevaba entre las manos. Después de darle unas cuantas vueltas, lo tomó con su mano izquierda, y con la mano derecha empezó a llenarlo, con una pequeña corriente de agua que surgió de la palma de su mano.
            -Tu… ¿cómo haces eso? –le preguntó Kaji, mientras se acercaba un poco más para poder ver mejor.
           -Es el poder que tengo desde que nací, como “heredero del agua” puedo controlar todo el líquido sin ningún problema, aunque el abuelo dice que aún me falta practicar mucho, es por eso que vivo en este templo con él y los otros monjes –y Mizu suspiró-. Así que no recuerdas nada, creo que será mejor que te explique todo de la manera más detallada que pueda…

            Desde el principio de la humanidad, el hombre ha venerado a la naturaleza, y a sus tres fuentes de energía más poderosas: el agua, el fuego y el aire. Pero, mientras pasaba el tiempo, el hombre se iba alejando cada vez más de estas enseñanzas, y contaminado el planeta, que es su hogar. Fue de esta forma, por lo que la naturaleza le brindó sus poderes a 3 seres creados bajo sus leyes: Mizu, que controla el agua, Kaji, que maneja el fuego, y Kaze, que manipula el aire.
            Cada cierto tiempo, estas tres entidades deben de sacrificar sus vidas fusionándose con el planeta, para revertir el proceso que los humanos han estado llevando a cabo día con día, y que va matando al mundo. Cada cierto tiempo, estas tres personas se vuelven una sola, y sacrifican su vida por el bien del mundo, y después de cierto tiempo, cuando la madre naturaleza siente de nuevo el peligro, vuelven a nacer para volver a morir.
            Pero esta vez, ha ocurrido algo diferente.
            No sabemos cómo fue que se creó, pero una entidad nueva surgió. Esta persona no quiere ni el bien de la tierra, y mucho menos el bien de los humanos. Esta persona lo único que quiere es destruir este mundo para crear un nuevo imperio que se rija bajo sus leyes. En pocas palabras, quiere tener dominados a los 3 elementos para mover a la naturaleza a su antojo. Es por eso que la naturaleza ha puesto en marcha un nuevo plan, y de alguna forma ha separado a los tres elementos, planeando reunirlos en su momento, para derrotar a esta persona…
            -Por el momento eso es todo lo que se –se defendió Mizu, y se tomó toda el agua del vaso de un solo trago. Lo volvió a llenar, y se lo ofreció a Kaji-. Toma, necesitas beber algo. No te apures –dijo mientras veía la chica el vaso con desconfianza-. Es 100% potable. Al contrario, es mejor que el agua normal. Le hará bien a tu alma.
            Kaji tomó el vaso con manos temblorosas, se lo acercó a la boca, y lentamente bebió de él. Inmediatamente sintió como el agua bajaba por su garganta, y de alguna manera, se sintió más tranquila y en paz. Mizu se levantó de la silla, y se acercó a la puerta.
            -El abuelo sabía de tu llegada, por lo que te ha dejado un cambio de ropa preparada. Yo estaré aquí afuera, esperándote para mostrarte el lugar y…
            -Espera –lo detuvo Kaji cuando Mizu se disponía a abrir la puerta-. Has dicho que eres el heredero del agua, y también me has llamado a mí, la heredera del fuego. Pero yo… yo no sé hacer lo que tú haces con el agua…
            -No tienes que preocuparte por eso –Mizu se acercó a Kaji y le acarició ligeramente la cabeza, revolviendo su cabello rojo-. Es por eso que estaba predestinado que calleras aquí. El abuelo y los monjes nos enseñarán a manipular nuestros poderes. Solo tienes que confiar en ti.
            Mizu volvió a acercarse a la puerta, y esta vez Kaji no interfirió. Mizu se despidió diciendo nuevamente que la esperaría del otro lado, y salió de la habitación, con lo que la chica se bajó de la cama, y dejó el vaso en la mesita de noche que estaba junto a la cabecera de la cama. Se acercó después a la silla, y tomó la ropa que estaba ahí. Lentamente, se volteó para verse al espejo, pero lo que pudo ver, extrañamente no era lo que esperaba.
            Tenía el cabello muy largo y de un rojo llameante. Sus ojos eran negros como la noche, y su tez blanca. Era bajita y delgada… Y aparentaba tener solo 8 años.
            Era extraño, por algún motivo, habría podido jurar que ella tenía varios años más, no solo ocho…
            Sacudió la cabeza como tratando de espantar moscas, para alejar de su cabeza esas ideas, y se apresuró a vestirse. Cuando hubo terminado, salió de la habitación, y pudo ver a Mizu esperándola afuera. Pero su mirada fue rápidamente tomada por el espectáculo visual que se abría ante ella:
            Era un lago un poco grande, con la base de lo que podría considerarse una estatua en el centro de él, que sostenía lo que era una copa de oro, y en su interior, crecían unas borboteantes y abrazadoras llamas, que sostenían una esfera de aire, que no dejaba de girar.
            -¿Te gusta? –le preguntó Mizu a Kaji, pero ella le respondió con otra pregunta.
            -¿Qué es eso?
            -Es el símbolo de la madre naturaleza. El lago, la llama y la esfera. Se trata de nosotros tres: El agua, el fuego y el aire.

18 de enero de 2011

The Dinner

   -¿Te parece bien cenar esta noche, en mi casa? Mía está deseosa de probar que es buena cocinera.
                -Supongo que está bien, no tengo nada planeado para hoy. ¿Será una cena formal, aunque solo seamos tú, tu esposa, mi secretaria y yo?
                -Si, quizá un poco formal. Necesito que Mía se vaya acostumbrando a todo esto. Además, hay alguien a quien quiero presentarte, ya sabes, pedirte tu opinión.
                -¿Así que siempre sí es una cena de trabajo?
                -Bueno, se involucra un poco, sí. Es solo que, me dijiste que necesitabas un director para la sucursal del banco, aquí en New York, y pues… Quiero que me digas que piensas de la selección que he hecho.
                -En ese caso, me vestiré formal. Espero no opacar a Mía.
                -Ante mis ojos, claro que no. Pero ante el joven…
                -¿Cuál joven? ¿Eso significa que tu recomendado es un adolecente?
                -Eres cruel con la gente que no pasa de los 35, Christine.
                -Mira, Hudson, es solo que… He tenido malas experiencias con niños inexpertos y, no quiero que este “joven” vaya a hacer mal uso de la sucursal.
                -Te aseguro que no pasará tal cosa. Lo he seleccionado yo personalmente. Digamos que he revisado sus antecedentes e historiales, y… Es un muy buen candidato. Además, tú eres la que tiene la última palabra. Tú decides si se queda, o se va.
                -De acuerdo, tú ganas. Estaré ahí esta noche.
                -Llega alrededor de las 8. Recuerda, cena casera, pero formal.
                -Cuenta con ello.

La llamada había ocurrido a medio día. Ahora, eran las 8.05 de la noche, y Christine se encontraba en el recibidor de la casa de Leopold Hudson, junto con su secretaria Katie, y su “consejero” Robert. Mía los saludo a los tres, y los guió por el pasillo hasta la sala de la casa, donde se encontraban Leopold y “el joven”. Los dos se levantaron de los sillones cuando vieron entrar al trío. Leopold saludó a Christine y a Katie como si fueran ya viejos amigos, y después se sentaron.

                -Pensé que solo iban a venir tú y tu secretaria, Christine –Hudson dijo en un claro intento por hacer que ella presentara primero a su acompañante.
                -Se trata solo de mi consejero financiero. Su nombre es Robert –y Robert saludó brevemente a Hudson, y al joven que lo acompañaba.
                -Pensé que no necesitabas consejeros financieros. Tenía entendido que podías hacerte cargo de tu dinero tú sola.
                -Oh Hudson, así es, pero de vez en cuando necesito a alguien para platicar, y Robert siempre está ahí. Pero, tú no me has dicho quien es el jovencito que nos acompaña.
                -Ah, sí, sí. Tengo maravillas que contarte de este jovencito. ¿Cuántos años tienes, chico?
                -28, señor.
                -Eso, eso. 28. Mira que resulta ser que este chico trabaja en un banco local. También es consejero financiero, como Robert. Es muy dedicado, y sabe de qué habla cuando habla. Además, lo que he podido platicar con él, tiene ideas muy frescas, y al mismo tiempo sabe de cosas conservadoras. Digamos que lo tiene todo.
                -¿Cómo te llamas? –preguntó Christine.
                -Jacoby Williams.
                -Pensé que no te gustaban los americanos, Hudson.
                -Bueno, bueno, tú eres americana y me agradas mucho. No hubiera firmado contrato de no haber sido así.
                -Me halagas, aunque tengo entendido que justamente a eso viniste a Estados Unidos: a extender tu compañía.
                -Bueno, sí y no. En realidad… -en ese momento entró Mía Roche, e interrumpiendo su conversación, los hizo pasar al comedor, con el anuncio de “la cena, está servida”.

Ahora, Hudson se encontraba sentado en una de las cabeceras de la mesa, mientras Mía se encontraba sentada a su derecha, y Jacoby a su izquierda. Christine se encontraba sentada en la otra cabecera, con su secretaria Katie a la derecha, y Robert a la izquierda. Mientras comían, la conversación siguió su curso, como si no hubiera sido interrumpida.

                -Entonces, me decías tus motivos por haber venido a Estados Unidos –preguntó Christine, Mía fue la que respondió.
                -Bueno, hemos vivido toda nuestra vida en Europa, y cuando Leopold me pidió en matrimonio, pedí que la boda se celebrara aquí, en New York.
                -Además –Hudson habló-, fue Mía la que me decidió a hacer negocios contigo, Christine. Al parecer también tiene buen ojo para esto de los negocios.
                -Intermediaria como ella sola sabe –agregó Jacoby-. Si no fuera por ella, yo no estaría aquí apelando por el trabajo esta noche, señora –dijo a Christine, quien miró a Mía con asombro.
                -No dudo del buen juicio de la señora Roche, así como tampoco dudo del sabor de su cena –Mía se ruborizó-. Por lo que puedo decirle, jovencito, que será bienvenido en la sucursal de New York.
                -Muchas gracias, señora.
                -Si Christine, gracias por no rechazar a mi protegido.
                -¡Oh! ¿Así que ya ascendiste de rango y ahora eres el protegido?

                El resto de la velada transcurrió en risas y bromas. La cena terminó después de una hora, y regresaron a la sala a tomar café y seguir conversando. Alrededor de la una de la mañana, Jacoby se despidió, y se retiró diciendo que tenía asuntos pendientes que arreglar por la mañana, por lo que debía dormir. Después de una media hora, Christine procedió a retirarse también.

                Ahora, ella, Katie y Robert conducían de regreso al departamento.

                -Dijiste que sería una noche muy productiva, y vaya que lo fue –dijo Robert, mientras se detenían en un semáforo en rojo-. Ese chico, Jacoby, tiene algo en la mirada…
                -¿Tienes ganas de investigar gente, no es así?
                -Sólo un poco. Acepto el trabajo por la mitad del pago usual –Christine lo miró recelosa, mientras el semáforo cambiaba a verde, y el auto volvía a arrancar.
                -Te pagaré un cuarto del pago regular, y nada más. Después de todo, lo haces para satisfacer tu curiosidad, no la mía. Este chico, Jacoby, no parece ser algo demasiado complicado.

                Llegaron al departamento, Christine y Katie se despidieron de Robert, y entraron al vestíbulo, donde tomaron un ascensor, ocupado por una mujer de piel pálida y cabello negro, que se encontraba muy ocupada realizando una llamada por su celular. Christine y Katie no le hicieron el menor caso, y ella tampoco les prestó atención, por lo que simplemente Katie pulsó el botón del piso 15, y las puertas del elevador se cerraron, iniciando el ascenso.

                -Buenas noches –la voz de la chica de piel pálida se escuchó, igual de pálida y temblorosa que sus pupilas. La voz de un caballero se escuchó débilmente por el celular-. Pensé que tu cena seguramente ya habría acabado, es algo tarde. Pensé que tu y yo podríamos hacer algo mañana, si es que no estás muy ocupado –se escuchó una leve contestación-. Oh, ya veo. En ese caso, que te parece… ¿Jacoby? ¿Jacoby?

                Pero la llamada ya se había cortado.

                El elevador llegó al piso quince, donde Christine y Katie salieron. El elevador volvió a cerrar sus puertas, mientras la chica de cabello oscuro guardaba el celular en su bolso. Christine miró a Katie.

                -¿Dijo, cena?
                -Así es señora.
                -¿Dijo Jacoby?
                -Sí, señora.
                -¿Habló de salir mañana?
                -Efectivamente.
                -¿Viste a que piso iba?
                -Al penthouse.

                Christine y Katie caminaron hasta la puerta de su departamento, y entraron en él, mientras Christine tomaba el celular, y marcaba un número de acceso directo. La llamada se conectó a los dos tonos.

                -Te pago la mitad del cheque normal si investigas a Jacoby para mañana en la mañana.
                -Algo me dice que el chico sí esconde algo.
                -Simplemente me ha ganado la curiosidad.
                -Entonces, ¿sólo la mitad?
                -Sí, sólo la mitad.
                -Ya que, no creo que sea algo demasiado difícil. Después de todo, ya tengo bastante información recolectada. Mañana a las 8 am en tu escritorio, sin falta. Buenas noches, querida.

                Christine colgó inmediatamente. Detestaba que Robert se pusiera en ese plan romántico meloso.

16 de enero de 2011

The Opened Door

Salieron del distrito de Queens mientras Christine regañaba a Rosallie por haberse quedado en tan feo lugar. Rosallie decía que Queens le traía muy buenos recuerdos de su infancia, ya que había sido ahí donde Christine había sido la única tía que la había “adoptado” después de que sus padres murieron. Christine dijo que simplemente odiaba Queens porque fue donde vivió toda su pobre niñez, y ya no se habló nada del asunto.

           Así que salieron de Queens, y se dirigieron a Manhattan. Christine tomó el celular, y realizó una rápida llamada, tras la cual, le indicó a Robert que pasara de largo la 5ta Avenida, y fuera un poco más adelante, hasta llegar a Central Park, donde tenía que dar vuelta a la derecha. Llegaron a un edificio de departamentos de gente millonaria, y fue ahí donde bajaron.

                Christine tenía ya reservado el departamento del piso 15, donde se quedarían ella y su secretaria Katie, mientras que Rosallie estaba en uno de los departamentos del piso 5. Robert, por su parte, se quedaba en una modesta posada, unas calles más abajo. El investigador privado subió las maletas a los departamentos y después de intentar invitar a Christine a cenar (cosa que no logró), se retiró del edificio, prometiendo estar al día siguiente a primera hora del día, ya que Christine quería ir de compras.

                Así que al día siguiente, a primera hora de la mañana, Christine y su secretaria Katie, recorrían las tiendas de la 5ta avenida.

                -¿Señora, se puede saber por qué no trajo nada de ropa si sabía que se quedaría una temporada por aquí? –preguntó Katie, mientras entre ella y Robert cargaban las compras.
                -No quería cargar cosas inútiles que me recordaran al imbécil por el cual tuve que recorrer el país. Anótalo como número uno. Número dos, ir de compras me relaja, y necesito estar tranquila cuando a aquel imbécil reciba los papeles de demanda con cachetada incluida. Y número tres, quería renovar el guardarropa.

                Y fue así como toda la mañana, y gran parte de la tarde, Christine no vio más que ropa, joyas y accesorios nuevos, mientras que Katie y Robert no veían más que bolsas y paquetes amontonarse en sus manos.

                Por otro lado, aún en el departamento número 4D del piso 5, Rosallie, que había vendido sus dos bolsos Prada favoritos por 800 dólares, se encontraba ahora viviendo a expensas de su tía Christine. Así que se dedicó toda la mañana a pensar en un plan para poder volver a ver a Leopold Hudson, pero como su cabeza seguía llena de recuerdos sobre aquellos bolsos verdes, no adelantó mucho. Así que llamó a una pizzería cercana, y después de acabarse una pizza grande ella sola, fue cuando las ideas surgieron en su cabeza, y se decidió a cenar helado y quizá una hamburguesa. Su plan, si fallaba, le saldría muy caro.

                Alrededor de las 5 de la tarde, Rosallie había salido a dar la vuelta, para despejar su mente. Christine había vuelto a su departamento para dejar las compras de aquella media tarde, y cambiarse por un vestido de coctel rojo, su color favorito. Y así, ella, Kaite y Robert, volvieron a salir.

                -Buenas tardes –la voz de Robert se escuchaba en el recibidor de la pequeña casa, ubicada frente al Starbucks de la esquina.
                -Buenas tardes, joven –respondió la anciana que había abierto la puerta. Miró a Robert un poco asustada, seguramente pensaba que era un cobrador.
                -Discúlpeme la molestia, honorable dama, pero estoy buscando a Daniel Stevenson, me dijeron que podía encontrarlo aquí.
                -Oh, oh si, aquí vive –dijo la anciana, haciéndose a un lado para que Robert pasara, pero en ese momento Robert se hizo a un lado, y dejó entrar a la dama del vestido rojo, dejando a la anciana sorprendida.
                -¿Se encuentra arriba? –preguntó Christine, mientras la anciana decía que sí, con la boca abierta.
                -La primera puerta a la derecha, querida…

                Christine y Robert subieron al segundo piso. Christine tocó sólo una vez a la puerta, y antes de esperar respuesta, entró.
                -¿Qué…? ¡¿Qué haces tú aquí?! –preguntó Daniel, poniéndose de pie de repente.
                -Qué gusto verte… -respondió Christine, mientras entraba a la habitación-. Muy poco sensato de tu parte huir de tal manera, pequeño Daniel.
                -¿Qué es lo que quieres?
                -Oh, solo vengo a informarte de una pequeña demanda que he puesto en tu contra. Digamos que, la belleza de auto que está estacionada allá afuera, la has robado.
                -Pero… ¡Pero ese auto me lo has regalado tú!
                -Digamos que te he contado una mentirilla. Por favor Daniel, te amé, pero no a tal punto de regalarte un Cadillac. Digamos que fue, un préstamo. Préstamo que has robado, traficado a lo largo de todo el país, y que ahora debes devolver. Me gustaría mucho simplemente tomar las llaves ahorita y despedirme de ti para nunca volver a verte en mi vida pero… -y aquí, Christine se alzó cuan alta era, usando un tono de voz un poco amenazador, haciendo que Daniel se encogiera en un rincón-: Has sido un completo imbécil al pensar que podrías simplemente huir de mí, pensé que me conocías, pero ya veo que no. Así que, si tú te has dignado a romperme el corazón y mi imagen al querer hacerme parecer una vieja solterona a la cual acababan de dejar, déjame decirte que estás muy equivocado, y te regresaré el favor. Así que tienes una demanda por delante, disfruta viendo el Cadillac, hasta que te deje en la quiebra y entonces sí, me lo lleve en una grúa para que veas todo lo que has perdido.

                Christine aventó los papeles de la demanda a los pies de Daniel, le dirigió una última mirada asesina, y se dio la media vuelta.
                -¡Eres una…! –ocurrió muy deprisa. Daniel había tomado a Christine por el brazo, pero antes de poder sujetarla con fuerza, Robert se había entrepuesto, sujetándolo del cuello.
                -¡Cuidadito con lo que haces, muchacho! –Daniel soltó a Christine, quien se alejó prontamente. Daniel farfullaba a causa de la presión que Robert ponía en su tráquea, que no le permitía respirar.
                -No creo que quieras agregar a la demanda agresión, Daniel, así que a partir de hoy, ten mucho cuidado –Christine le dirigió una mirada asesina, y salió de la habitación. Robert derribó a Daniel, y le propino un buen puntapié en el estómago.
                -Allá va la mejor mujer que pudiste haber tenido, allá va la mejor mujer que jamás podrás dejar ir –Robert le susurró a Daniel-. Allá va tu felicidad –y con una risa un poco sarcástica, salió del lugar.

                -Las cosas fueron mejor de lo que esperábamos –Christine le dijo a su secretaria, mientras subía al auto.
                -¿Ha presentado resistencia? ¿Qué le dijo?
                -No ha dicho nada, estoy segura de que ha de estar mirando por la ventana, esperando el momento en que vea el auto arrancar. Entonces bajará y buscará en la guantera del Cadillac los papeles, y cuando lea las letras pequeñas, bueno… Se dará cuenta de que efectivamente, me ha robado el Cadillac. Si no es tan imbécil como ha demostrado serlo hasta ahorita, se quedará en esa casa, leerá los papeles de la demanda, y se presentará a la audiencia de la semana próxima.
                -¿Y si no? –preguntó Katie -. ¿Si es que piensa en huir…?
                -Aumentarían los cargos, y tendría aún más cosas que perder. Y además, tenemos a Robert. Él puede rastrearlo, vaya a donde vaya.

                Robert sonrió, y puso el auto en marcha. Katie procedió a ponerse el cinturón de seguridad, y Christine sacó el celular.

                -Aún tenemos tiempo, parece ser que llegaremos temprano.
                -¿A dónde vamos? –preguntó Robert, mientras empezaba a conducir.
                -A casa de Leopold Hudson. Tenemos una cena ahí esta noche.
                -¿El amante de su sobrina? –Robert dijo con atrevimiento. Christine rió.
                -Un “caballero” de la talla de Leopold Hudson no se tomaría enserio a una niña mimada como Rosallie. No dudo que se hayan acostado, he ahí el encaprichamiento de mi sobrina. Pero de una noche de pasión, a una vida entera juntos, que es lo que ella planea, hay mucha distancia.
                -Y el señor Hudson está por casarse… -susurró Katie.
                -Exacto. Así que espero que Rosallie no cometa ninguna estupidez. Mira que meterse con Mía Roche, con lo amable y linda que es. Será mi sobrina, pero no tengo verdaderamente lazos que me unan con ella. Ahora, Leopold Hudson es otra cosa. Será un inglés con apellido y título rimbombante, pero tiene dinero, y estatus, y nos abrirá las puertas para extender la compañía por toda Europa. Así que sí, en pocas palabras, nos conviene que se case con Mía Roche.
                -Aunque la señora Roche solo era la secretaria del señor Hudson.
                -Bueno Katie, hay ciertas cosas que no mucha gente sabe pero, la familia de la señora Roche, también fue en su tiempo, una familia poderosa –Robert entró a la conversación-. Ahora lo único que les queda, es el apellido, perdieron el dinero hace ya varias generaciones. Es muy posible que Hudson lo sepa, y si no es así, pues lástima por él; pero ese matrimonio, les conviene a los dos. A ella, le regresará la fortuna, y a él, le abrirá muchas puertas en Francia.
                -Eso significa…
                -Que primero nos ganamos la confianza de Hudson demostrando ser una buena inversión, y entramos a Inglaterra. Despúes, nos ganamos el cariño y aprecio de Roche, y entramos a Francia e Italia. Y así, con la parejita, tenemos más oportunidades de tratar con Boulet y tener la sucursal en Alemania. Todo está fríamente calculado, Katie.
                -Hemos llegado –dijo Robert, mientras estacionaba el auto.
                -Que bonita casa –dijo Christine mirando por la ventana-. Nadie creería que aquí están por firmarse contratos que nos volverán el banco más importante del mundo. Pero bueno, nadie creería que mi fortuna se debe a la suerte de comprar el boleto ganador de la lotería. 5 millones en efectivo…

                Y los tres bajaron del auto. Robert tocó el timbre. Mía Roche les abrió la puerta personalmente. Los saludó, abrazó y besó en las mejillas, y los invitó a pasar. Aquella sería una velada muy productiva.

Forward To Past: Chapter 2

Capítulo 2: La tierra del mar

            Cuando pudo abrir los ojos, se dio cuenta de que se encontraba en un lugar que no había visto nunca en su vida. De hecho, cuando por fin puedo enfocar las paredes rojo carmesí, y la ventana abierta que le soplaba un fresco aire en la cara, se dio cuenta de que era lo primero que veía en su vida. No era que se tratara de que estuviera ciego y de repente pudiera ver, era simplemente que no tenía memoria.
            -Parece ser que por fin has despertado –le sonrió una anciana desde un rincón de la habitación, donde aparentemente tenía un pequeño bote con agua fría, para cambiar el paño que se había caído de su frente, al despertarse y sentarse en la cama.
            -¿Dónde estoy? –fue lo primero que pudo preguntar, mientras se frotaba la frente, quitándose las gotas que se habían quedado prendidas.
            -Estas en el templo Unmei. Apareciste aquí hace 3 días. Mi nieta está deseosa de que despiertes. Eres lo más cercano a alguien de su edad en todo el lugar.
            -¿Nieta…?
            -¡Abuela! –se escuchó el gritó de una chica. Los pasos que venían velozmente desde el pasillo, y el azote de la puerta al abrirse-. ¡Abuela, no vas a creerlo! El sacerdote supremo me ha dicho que he superado mi poder a más del doble, solo en esta semana.
            La anciana le sonrió dulcemente. Estaba por felicitarla, cuando vio que la mirada de su nieta se enfocaba en el chico que seguía sentado en la cama.
            -¿Es él? –preguntó la chica-. ¿Ya despertó por fin?
            -Así es, Kaji. El es Mizu.
            -¿Mizu? –preguntaron Kaji y también el chico al mismo tiempo.
            -Ya decía yo que quizá no recordabas ni tu propio nombre –intervino la anciana, mientras se ponía de pie trabajosamente, y se acercaba a la puerta de la habitación-. Los dejaré que conversen un rato, ya los llamaré para que bajen a cenar- y salió de ahí dejándolos solos.

            La chica, llamada Kaji se acercó a él lentamente. Kaji era una chica de 18 años, bajita, de largo cabello pelirrojo, ojos negros y piel blanca. Mizu, por su parte, era un pequeño de apenas 8 años, con el cabello negro y ojos igual de oscuros, con una tez blanca y una expresión sonrojada. Kaji se acercó lentamente a él, y se sentó en el borde de la cama, contemplándolo silenciosamente. Al final, decidió hablarle:
            -Mucho gusto –le dijo -, yo soy Kaji, la heredera de los poderes del fuego. Así que tú eres Mizu, el heredero de los poderes del agua.
            -¿Poderes del fuego? ¿Del agua?
            -Así es –le sonrió la chica, y mientras se ponía de pie de un brinco, de la punta de los dedos de su mano derecha, surgió una pequeña llama. Mizu lo observaba perplejo, siguiendo el ritmo de las puntas del fuego.
            -¿Cómo haces eso? –le preguntó al final.
            -Es una habilidad que tengo desde que nací –explico Kaji mientras apagaba la llama, y volvía a sentarse en el borde de la cama-. Soy la única del templo que puede hacerlo, por lo que no tengo permitido el salir de aquí. Los monjes me llaman “la heredera del fuego”. El vidente del futuro dijo que llegaría muy pronto la segunda entidad. Hace apenas 3 días te apareciste flotando desde el cielo, y caíste en manos de uno de los mojes. La abuela dijo que la profecía hablaba de ti, y te identificó rápidamente como “el heredero del agua”. Nuestra misión es mantenernos a ti y a mí ocultos hasta que el “destino” comience.
            -¿Destino? ¡Pero yo no sé nada sobre manejar el agua!
            No tienes de qué asustarte. Has nacido con esa habilidad, y los monjes te ayudarán como a mí para que lo desarrolles hasta su máximo.
            En ese momento, Mizu estaba por preguntarle algo más a Kaji, pero se escucharon unos golpeteos en la puerta, y apenas dos segundos después de que dijo “adelante”, la figura de la anciana a la que Kaji llamaba abuela, apareció dentro de la habitación.
            -La cena ya esta lista, niños míos –dijo la señora, y Kaji se apuró a bajar de la cama nuevamente.
            -Necesitas cambiarte, Mizu –le sonrió-. La abuela te ha dejado ropa ahí –y señalo una silla que tenía algo de ropa arriba de ella-. Cuando estés listo, vendrás. Te estaremos esperando.
            Y las dos salieron de la habitación.
            Apenas estuvo solo, Mizu bajó de la cama. Por alguna extraña razón, se sentía diferente. Se acercó al espejo, y se examinó. No podía decir que su cara era o no la misma de siempre, ya que era la primera vez que se miraba en un espejo, pero sabía que algo en el no cuadraba. Tenía lo que era el aspecto de un niño de primaria, no pasaba de los 8 años. Pero él sabía que esa no era su edad correcta.
            Definitivamente había algo mal ahí.
            Se terminó de examinar la cara, pero encontró todo normal, por lo que se enfocó en la ropa limpia que lo esperaba. Se cambió lo más rápido que pudo, y salió de la habitación, dirigiéndose al comedor.
            Pero lo que había captado automáticamente su atención, fue lo que se encontraba en el centro del templo:
            Se trataba de un lago de tamaño mediano, que en el centro tenía una base que sostenía lo que parecía ser una copa de oro, dentro de la cual, surgía una gran flama roja como la sangre, y sobre la cual, una esfera de un blanco traslúcido daba vueltas sin parar: aire.
            Mizu empezó a caminar inconscientemente, repitiendo “agua, fuego, aire” para sí mismo. Sus pies iban encontrando el camino de manera automática, y se encontraba ya al borde del lago, cuando una mano en su hombro lo regresó a la normalidad.
            Se trataba de uno de los monjes, quién amablemente se ofreció para enseñarle donde se encontraba el comedor, con lo que los dos empezaron a caminar, mientras Mizu no pudo evitar mirar hacia atrás, observando nuevamente el lago, la llama y la esfera, repitiendo nuevamente, en un susurro: “agua, fuego, aire”.