The Gringotts

Entra, desconocido, pero ten cuidado

con lo que le espera al pecado de la codicia,

porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,

deberán pagar en cambio mucho más,

así que si buscas por debajo de nuestro suelo

un tesoro que nunca fue tuyo,

ladrón, te hemos advertido, ten cuidado

de encontrar aquí algo más que un tesoro...


24 de abril de 2011

Forward To Past: Chapter 6

Capítulo 6: Símbolo

            Las puertas del Consejo se habían abierto con un estrépito. Habían llamado al Sacerdote Supremo con suma urgencia, y ahora el viejo hombre se cambiaba el saco negro de su trabajo “normal” por la capa blanca del Consejo. Le dejó a la recepcionista su maletín de abogado, mientras la chica se ponía rápidamente de pie, y hacía una reverencia.
            -¿Quién está en mi oficina?
            -Los gemelos Unmei, Señor.
            El Sacerdote Supremo trataba de mantener la calma. Los rubios gemelos eran muy reservados, y desde que habían llegado a formar parte del Alto Tribunal del Consejo, no habían dado problemas, y hablaban solo para lo que era necesario.
            La preocupación le ganaba a cada paso que daba. ¿Qué podría haber pasado para que los gemelos lo llamaran tan de repente? Y peor aún, ¿para que usaran las palabras “extremadamente urgente”?
            Empujó las puertas de su oficina con una fuerza mayor a la que pretendía, y pudo ver al par de gemelos que se ponían de pie, para reverenciarlo como saludo.
            -Explíquense, ¿qué ha pasado? –preguntó el Sacerdote Supremo, mientras le daba la vuelta al escritorio, y se sentaba en su asiento.
            -El Símbolo no deja de extinguirse.
            -Eso es cosa de todos los días, no veo porque…
            -El Símbolo no deja de extinguirse –repitieron los gemelos como si no hubieran escuchado la interrupción-. Nuestros dos herederos vendrán con sus clones, y si el Símbolo no deja de extinguirse, no tendrán dimensión a la cual llegar.
            -¿De cuánto tiempo disponemos? –preguntó el Sacerdote Supremo levantándose del asiento. Presionó un botón escondido debajo del escritorio, y la pared que tenía detrás de él, empezó a moverse, revelando un enorme vidrio que separaba esa habitación, de lo que se escondía del otro lado.
            Era el Símbolo de la Madre Naturaleza, muy parecido al que surgía en los mundos del mar y de la llama. Era igualmente un lago, solo que de tamaño mucho más grande. La base donde estaba la copa de oro tenía el tamaño de una casa entera, y la copa medía por lo menos 10 metros de alto. Pero había un problema.
            El lago estaba seco, la copa sin llama y la esfera de aire no se veía por ninguna parte.
            -Explíquense –les dijo a los gemelos, quienes se habían puesto de pie igual que el.
            -Está empeorando –dijeron ellos-. Esta mañana los tres elementos estaban en completa sintonía. Cuando revisamos los cálculos y pudimos ver la hora de llegada de los herederos, revisamos nuevamente el Símbolo, y el elemento aire no se encontraba. Cuando lo llamamos para que viniera, el elemento fuego se estaba extinguiendo. Y ahora, el elemento agua ha desaparecido.
            -Entonces, ¿díganme? ¿De cuánto tiempo disponemos?
-El límite es hoy, a la media noche.



            Si hubiera celebrado su cumpleaños, ahora sería diez años más viejo, pero en la tierra de la llama, no pasaba el tiempo, por lo que Mizu seguía con su apariencia de niño de 8 años, y por su parte, Kaji aún se veía como una jovencita de 18.
            Durante todo ese tiempo, Mizu había aprendido no solo a dominar el agua de la forma más exacta y precisa, sino que también había aprendido a crearla desde el interior de su propio cuerpo.
            No solo había alcanzado a Kaji en nivel de habilidad, sino que la había superado, y por mucho.
            Esa tarde, la anciana los había reunido con motivo de una importante celebración.
            -Esta noche, a la media noche –les había dicho -, partirán en busca del tercer heredero. Esta noche, empezará la búsqueda de Kaze, pero no tienen porque preocuparse, Kaze los encontrará a ustedes. La batalla comenzará muy pronto, y como no volveremos a vernos, al menos no así, quiero darles esto…
            La anciana había sacado lo que parecían ser dos trajes ceremoniales. El de Kaji era la combinación de una blusa blanca y falda del mismo color, con detalles de pequeñas flamas rojas por toda la tela. Tenía también una larga capa roja, con los mismos detalles de flamas, pero en color blanco.
            El traje de Mizu, por su parte, era la camisa y el pantalón blanco, con detalles de salpicaduras de agua azul, y la capa tenía el mismo estilo que la de Kaji, pero con el diseño de su elemento: la tela azul y las salpicaduras de agua blancas.
            -Tuvimos guardado esto durante mucho tiempo, para el momento en que tuvieran que usarlo. Cuando nos volvamos a ver, podrán agradecer, aunque no creo que me reconozcan…
            -¿Abuela? –susurró Kaji, con la mirada algo triste-. ¿Eso significa que no vendrás con nosotros?
            -Están por cruzar una dimensión, y…
-¿Dimensión?
-¿A caso creyeron que iban a salir por la puerta a buscar a Kaze? No; el tercer heredero se encuentra en otra dimensión. Fuera de este templo, ya no existe nada. Este mundo solo es eso: el templo. Fuera él, esta el vacío, la única forma de salir de aquí, es por medio el Símbolo, y éste Símbolo solo es lo suficientemente grande como para transportar a dos personas, es por eso que… Mizu, quiero darte esto.
            De uno de sus bolsillos, la anciana sacó un pequeño huevo blanco, que le puso a Mizu en las manos.
            -Debes de cuidarlo mucho, y cuando nazca, el te cuidará a ti.
            -¿Qué es? –preguntó mientras lo metía en uno de sus bolsillos.
            -Es tu “sacrificio blanco”. Ahora, colóquense junto a la copa.
            Los dos chicos hicieron lo que la anciana les dijo, entraron al lago y Mizu evitó que el agua los mojara usando sus poderes. La anciana les ordenó tomar un poco del agua con la mano derecha, y los dos chicos así lo hicieron. Después, les indicó que tocaran el fuego, y con las habilidades de Kaji, evitaron que el fuego les quemara, mientras metían la mano.
            -Ahora, solo queda esperar a que el Aire haga lo suyo. Sólo queda esperar…



            Mizu y Kaji estaban vestidos con los trajes de batalla que el abuelo les había entregado. Se encontraba Mizu ayudando a Kaji a entrar al agua, mientras el anciano los despedía con una sonrisa. Caminaban ahora por las tranquilas aguas del lago, como si el agua no se hubiera dado cuenta de su presencia, e introducían la mano que tenían libre del contacto con el agua en la copa con llamas.
            Kaji desvió la mirada de su tranquilo acompañante, y miró al anciano, que sonreía de manera amable.
            -Cuida mucho el huevo –le dijo por última vez.
            -Así lo hare –le respondió ella, mientras el “sacrificio negro”, como el anciano lo había llamado, reposaba en su bolsillo.



            -¡¿Cómo que no hay cambios?!
            -Esa es la respuesta de Kioku. No hay cambios.
            -¡Tenemos el tiempo en contra y solo pueden decirme que…!
            -¡Tenemos una señal!
            Tanto los rubios gemelos como el Sacerdote Supremo, voltearon a ver a la persona que acababa de llegar corriendo. El ritmo de la respiración de Rihna era agitado, y le temblaba la voz al hablar.
            -¿De qué elemento se trata? –dijo mientras entraba a la Cámara del Símbolo, con los gemelos detrás de él.
            -Al parecer Agua y Fuego han decidido quedarse ahí –respondió Kioku, mientras alcanzaba al Sacerdote-. Como puede ver, Aire sigue inestable…
            La esfera de Aire aún no aparecía, pero todos los presentes podían admirar el remolino de aire que se formaba sobre el Símbolo, y que amenazaba con vaciar el agua del lago, y de apagar la llama.
            -¡Alguien debe detenerlo! –gritó el Sacerdote Supremo.
            -¡Tiempo límite de cinco minutos, Señor! –le informó Rihna, mientras consultaba el reloj.
            -¡Dense prisa!
            En ese momento, los gemelos brincaron dirigiéndose al Símbolo, y se transformaron en luz, creando una especie de campana luminosa alrededor de la estructura. El Sacerdote Supremo, Rihna y Kioku podían ver aún lo que pasaba dentro de la campana.         
El remolino de Aire había disminuido, y lentamente, poco a poco se iba transformando en la esfera que debía ser. Con esto, el fuego y el agua se calmaron a su vez, y el Símbolo parecía estar en paz.
            -Tiempo límite, cuatro minutos –anunció Rihna, quien era la que estaba al pendiente de la cuenta regresiva.
            -Deben darse prisa hermano, no podré aguantar mucho tiempo más –decía la pobre chica a su gemelo.
            -Debes resistir, al menos un minuto más –le respondía él.
            -Espero poder, pero…
            -Tiempo límite, tres minutos…
            -¿Puedes sentirlo? –le preguntó él a ella.
            -Si… son ellos. Son los seis…

            Parecía como si el tiempo se hubiera detenido. El color y el sonido habían desaparecido. La campana de luz formada por los gemelos, empezó a temblar. El Elemento Aire explotó en todas direcciones dentro de la campana. El Elemento Fuego se apagó como si se tratara de un simple fósforo, y el Elemento Agua se evaporó dejando el lago vacío.
            Dentro de la campana, se había formado ahora dos esferas de luz, y cuando las dos se disolvieron, pudieron observar a las personas que acababan de llegar.
            Los gemelos deshicieron la campana, y se posaron junto al Sacerdote supremo, Rihna y Kioku.
            Se encontraban ahora delante de ellos, dos grupos, uno formado por una chica de 8 años y un joven de 18, y el otro por un niño de 8 y una muchacha de 18.
            -Bienvenidos –les dijo el Sacerdote Supremo-. Al mundo real.
            -Estamos agradecidos –dijo el joven-. Nosotros somos Mizu y Kaji, venidos de la tierra del mar.
            -Y nosotros somos Kaji y Mizu –dijo la muchacha, venidos de la tierra de la llama.

Syaoran Card Captor: Capítulo 4

Capítulo 4
Un domingo muy agitado

            Syaoran y Kero acababan de levantarse en esa soleada mañana de domingo. El cielo se encontraba despejado, a pesar de la lluvia del día anterior, y lo único que tenían en mente, era salir al parque Shinri a pasear con su amiga Tomoyo. Kero se mostraba animado con la idea, pero Syaoran... De no haber sido porque Tomoyo lo había amenazado con hacerlo usar un cosplay de un anime "gay", hubiera invertido toda su tarde en otras cosas de mayor provecho, según él.
            Syaoran bajó las escaleras, rumbo a la cocina, aún con la pijama puesta, y saludó alegremente a su padre y su hermano, quienes ya se encontraban a la mesa.
            -¿Tienes planeado algo para esta tarde de domingo? –le preguntó su padre a Syaoran mientras le servía el desayuno. Syaoran le explicó sobre la ida al parque con Tomoyo, hasta que su hermano lo sorprendió poniendo la pizarra de anuncios sobre la mesa, casi aplastando su desayuno, el cual tuvo que quitar a toda prisa.
            -¿Y esto qué? –preguntó mientras terminaba de quitar su jugo de naranja.
            -¿Qué no lo recuerdas? Tu mismo anotaste la semana pasada que hoy te tocaba hacer todo el aseo de la casa.
            -Estás... Oh...

            Varios minutos después de terminar el desayuno, su hermano había salido rumbo al trabajo, y como su padre tenía que acudir a una clase pública, Syaoran se quedó solo en casa, dispuesto a hacer el aseo. En ese momento, se encontraba al teléfono, explicándole a Tomoyo el porqué los planes habían cambiado de último momento.
            -¿No me estás mintiendo, verdad? -preguntó Tomoyo, visiblemente molesta. Syaoran pensó en colgar rápidamente, pero se contuvo.
           -No es así, en verdad se me había olvidado completamente. No lo puedo posponer, ya que no hay nadie más en casa, y mi hermano se enojaría si supiera que no planeo hacerlo -y agregó rápidamente-. Pero te prometo que saldremos otro día. Lo juro.
            -Ya no hay nada que se pueda hacer –y Tomoyo colgó súbitamente.
           -Lo sé -se dijo a sí mismo, mientras caminaba por el pasillo-, pero eso no quita que esto sea una porquería –y se dispuso a empezar con la limpieza, mientras Kero se ocupaba de lavar la ropa sucia.

            Se encontraba barriendo la alfombra de la sala, cuando vio que algo se asomaba por debajo de ella. Se agachó para tomarlo, y descubrió una Carta Clow.
            -¿Bosque? –dijo al leer el nombre escrito en la parte inferior-. ¿Un árbol puede estar en una de estas extrañas Cartas? –y mientras decía esto, se guardó la Carta en el bolsillo, y corrió al cuarto de lavado, dispuesto a mostrarle a Kero la Carta que se acababa de encontrar... Pero por algún extraño motivo, la bolita de felpa no estaba ahí.
            -Ese maldito flojo seguramente se está escondiendo para no hacer nada –y salió del cuarto-. Cuando lo encuentre, le pegaré...
            Y se marchó a seguir limpiando. Unos segundos después, Kero salió de dentro de la lavadora, esponjado como una motita de pelusa. Al parecer, se había caído dentro de la lavadora,  la tapa se había cerrado, obligándolo a darse un baño.

            Syaoran se encontraba en el sótano de la casa. Era el último lugar que le faltaba de limpiar, y como esa habitación siempre tenía muy poca luz, pasar la escoba no era suficiente, así que bajo con la aspiradora, dispuesto a terminar de una vez por todas.
            Se encontraba aspirando de debajo de un estante, cuando escuchó como si algo estuviera tapando la boquilla de la aspiradora. Se acercó a ella, y vio una especie de papel alargado pegado en ella, lleno de tinta. Se apresuró a quitarlo, y al darle la vuelta, descubrió...
            -¿Es una Carta Clow? –se preguntó a sí mismo al ver el símbolo del mago Clow, del lado que no estaba lleno de tinta-. Qué suerte, he conseguido reunir dos Cartas en un solo día. Solo necesito limpiar esta.
            Colocó las dos Cartas en el escritorio del sótano, y cuando estaba a punto de empezar a limpiar la Carta que estaba manchada de tinta, el teléfono empezó a sonar, por lo que salió corriendo escaleras arriba, para contestar.
            -¿Syaoran-kun? –se escuchó la voz de su padre, al otro lado de la línea-. Necesito saber si no se me quedó un sobre azul, sobre la mesa del comedor.
            -Eh... –dijo Syaoran, mientras se asomaba a la cocina-, si aquí está.
            -¿Podrías traérmelo a la Universidad, por favor?
            -Claro, voy para allá.
            Colgó el teléfono, tomó el sobre, y mientras se dirigía hacia la puerta, le gritó a Kero que iba a salir por un momento. Segundos después, cerró la puerta del jardín, se subió a su patineta, y se dirigió a la Universidad, dispuesto a llevarle el sobre a su padre.

            Ahora se encontraba de vuelta en su casa, y mientras entraba, pudo ver toda la ropa limpia que Kero había colgado en la terraza del 3er piso. Entró a su habitación, donde vio a Kero acostado en la cama, cansado por todo el trabajo que había hecho ese día.
            -No hay remedio –le dijo-, eres un flojo de primera. ¿Eh? –le había parecido escuchar algo-. ¿Kero? ¿No oyes eso?
            -Es mi estómago que reclama comida, es normal.
            -No idiota, eso no –y Kero abrió los ojos-. Es otro ruido mucho más fuerte. Lo mejor será que bajemos a ver que es.
            Salieron de la habitación, y siguieron los ruidos hasta la puerta del sótano, que se encontraba entreabierta. Les pareció ver que había algo que se movía, dentro de la oscuridad. De repente, la rama de un árbol surgió de repente, y Syaoran y Kero se apuraron a cerrar la puerta de golpe.
            -¿Qué demonios es eso? ¡Se supone que no hay plantas de ningún tipo en el sótano! –gritó Syaoran, mientras hacía un esfuerzo enorme por no soltar la puerta.
            -Parece ser un árbol –jadeó Kero. La planta era demasiado para él, y parecía que no podría aguantar mucho más en sostener la puerta.
            -Debió ser por culpa de la Carta Clow que me encontré...
            -¡¿Qué?! ¡¿Encontraste una Carta Clow y no le pusiste tu nombre?! ¡¿Estás idiota o cual es tu problema?! ¡Debes de ponerle tu nombre para que la Carta te obedezca a ti y solo a ti!
            -¡¿Qué?! ¡A mí nunca me explicaste nada de eso! ¡No tienes derecho a reclamarme nada!
            -Esto parece ser obra de la Carta Bosque...
            -¡Tarado! ¡No sueltes la puerta!
            Pero era muy tarde. Las ramas del árbol empujaron la puerta, y sujetaron a Kero de la panza, y a Syaoran de un tobillo. Y peor aún, en ese momento, el timbre de la puerta sonó.
            -¡Ya voy! –gritó Syaoran.
            -¡Idiota! ¡¿Por qué rayos le contestas?!
            -¡Fue lo más sensato que se me ocurrió! –el timbre de la puerta volvió a sonar-. ¿Y ahora qué hacemos?
            -¡Mira que si tuviera una respuesta, ya te la hubiera dado, mocoso tarado!
            En ese momento, las ramas del árbol que los tenían sujetos se extendieron por todo el pasillo, y mientras el timbre de la puerta sonaba por tercera vez, Syaoran y Kero quedaron frente a la puerta de la entrada, viendo la silueta de la persona que tocaba el timbre, tan insistentemente.
            Lentamente, la puerta se abrió. Kero se quedó quieto, fingiendo ser un muñeco de felpa, y mientras Syaoran se tapaba los ojos, susurró: “No le prestes atención a esto”.
            -Al parecer, en verdad necesitaban hacer algo de limpieza en esta casa –Syaoran abrió los ojos, y vio a Tomoyo de pie frente a él, que los observaba divertida. Dejó la cesta que llevaba en el brazo, y se apuró a bajar a Kero, y después, a soltar el tobillo de Syaoran.
            -No es eso –le dijo Syaoran, cuando logró poder volver a pararse-. Esto es por causa de una Carta Clow llamada Bosque.
            -Parece ser que se ha quedado quieta –dijo Kero-. Lo mejor será atraparla ahora.
            -Claro –le respondió Syaoran, y sacó su llave mágica. Tomoyo no tardó ni un segundo en sacar su cámara de video-. Llave que guardas el poder de la oscuridad, muestra tu verdadera forma ante Syaoran, quien aceptó la misión contigo. ¡Libérate! –la llave creció en ese momento, hasta convertirse en el báculo mágico-. Ahora, regresa a la forma humilde que mereces. ¡Carta Clow!
            La sombra de una Carta Clow se dibujó en el aire, y Bosque entró en ella. Pero solo había durado unos segundos así, cuando la Carta empezó a brillar, y el árbol comenzó de nuevo a crecer a partir de ella.
            -¡A correr! –gritó Tomoyo en ese momento, y ella, Syaoran y Kero empezaron a correr escaleras arriba, hasta llegar a la terraza del 3er piso, donde Kero había colgado toda la ropa. La Carta Clow los seguía de cerca, pero al salir al claro exterior, y recibir los rayos del sol, dejó de crecer, y empezaron a brotarle hojas de todas las ramas.
            -¡Maldición! ¡Esta maldita Carta me ha echado a perder toda la ropa que había lavado en todo el día!
            -¡Ah, que porquería! –gritó Syaoran, sin prestar atención a lo que Kero estaba gritando-. ¡Así que solo necesitaba que le diera el maldito sol!
            -No, escucha –le dijo Tomoyo, y los tres se quedaron callados-. Es como si un elefante caminara dentro de tu casa.
            -Al árbol aún le falta crecer –dijo Kero.
            -¡No me…! –fue lo único que Syaoran pudo gritar-. Tendremos que bajar hasta el sótano para sellar la Carta por completo.
            -Debemos darnos prisa, o destruirá toda la casa –agregó Kero, y los tres se apuraron a tratar de bajar.

            -¿Eh...? Tomoyo-chan... ¿Se puede saber qué es esto, porque demonios lo traes?
            Syaoran preguntó algo enojado, y a la vez confundido. Tomoyo lo había obligado a cambiarse su ropa por un cosplay algo extraño. Un sombrero plano de paja, una camisa roja sin mangas, un short azul, y unas sandalias de tiras, de color café. Su amiga le sonrió mientras lo filmaba de pies a cabeza.
            -Pensaba filmarte mientras estuviéramos en el parque Shinri, es por eso que lo he traído. Es un cosplay de Luffy, de One Piece. Vamos, date prisa que tenemos que atrapar una Carta Clow –le dijo Tomoyo, y lo empujó para que se acercara a la puerta del sótano.
            -Que extraño –susurró Syaoran, cuando el, Kero y Tomoyo hubieron bajado las escaleras, y entrado al sótano, el cual estaba inundado como por unos 30 cm.
            -Que yo recuerde, no sale agua de la Carta Bosque –le respondió Kero, quien volaba por encima de su cabeza.
            -Esto debe de ser obra de la otra Carta que me encontré...
            -¡¿Qué?! ¡¿Encontraste otra Carta mocoso idiota?! ¡¿Cuándo se supone que pensabas decírmelo, chamaco tarado?!
            -¡Pues que rayos quieres! ¡Se me había borrado de la mente porque en ese momento sonó el teléfono!
            -Al parecer es la Carta Lluvia –informó Kero, después de haberse calmado un poco, e ignorando lo que Syaoran le estaba diciendo.
            -Idiota –le susurró Syaoran a Kero, y volteó a observar el desastre que las dos Cartas Clow estaban haciendo-. ¡Lluvia, Bosque! ¡Háganme un cochino favor, y dejen de destruir mi maldita casa de una vez por todas, maldita sea!
            Una pequeña nube se acercó flotando, y se puso delante de él. De ella, surgió la cabeza, y los brazos de una pequeña niña, vestida con ropa azul, y un extraño gorro en la cabeza, como el de un arlequín, además de que en su frente, tenía en dibujo de una gota de agua. La nube se puso sobre la cabeza de Syaoran, y empezó a mojarlo.
            -¡Ya verás! –le dijo, y empezó a rebuscar en su bolsillo-. Carta Clow, haz tu trabajo. ¡Agua!
            La Carta Agua surgió en el aire, y la mujer con cola de pez y corona azul se alzó sobre la pequeña nube. Usando su magia, convirtió el agua que flotaba a su alrededor en serpientes marinas, y atrapó con ellas a la carta Lluvia, en una enorme burbuja azul.
            -Regresa a la forma humilde que mereces. ¡Carta Clow!
            La sombra de una Carta Clow se dibujó en el aire, y Lluvia fue absorbida por ella. Segundos después, Lluvia se encontraba reducida en su forma de Carta, sobre la mano de Syaoran.
            -Ahora, solo me falta bosque.
            -Espera –le dijo Kero poniéndose frente a él-. Mira.
            Todo el árbol empezó a encogerse, y las hojas que habían salido en todas las ramas desaparecieron. Frente a Syaoran, Tomoyo y Kero se formó el cuerpo de una mujer, envuelta en hojas, y con una corona verde en la cabeza. Syaoran la miraba, algo confundido, y después de que la mujer de dedicó una tierna sonrisa, se transformó en Carta, y se dejó caer en su mano.
            -¿Lo ves? –le dijo Kero-. Bosque es de las Cartas más pacíficas que te podrás encontrar en todo el mazo. Ahora... ¡haz algo bueno para variar y escribe tu horrible nombre!
            -¡Ya te dije que dejes de joder mi alma, yo no tenía ni la más mínima idea!

            Tomoyo se encontraba filmando de nuevo a Syaoran, quien acababa de terminar de escribir su nombre en la parte inferior de las dos Cartas Clow.
            -Espero y no te hayas molestado por cancelarte la ida al parque Shinri, y el haber venido aquí a batallar.
            -No hay problema, además, he filmado algo mucho más interesante de lo que podría si hubiéramos ido al parque –y acarició su cámara, con la mirada perdida en el infinito.
            -Syaoran, ¡ven a ver esto! –se escuchó el grito de Kero, y tanto Syaoran como Tomoyo se apuraron a llegar escaleras arriba, pues aún se encontraban en el sótano. Toda la casa se encontraba en un completo desorden.
            -¡Maldición! –gritó Syaoran al verlo-. Maldita sea, ¡tendremos que volver a limpiar todo! ¿Qué no habrá una maldita Carta Clow que pueda ayudar con estos fastidiosos quehaceres de la casa?
            Así que después de pasarse unos 10 minutos haciendo corajes y llorando, a Syaoran no le quedó de otra más que volver a empezar con la limpieza de la casa, con la ayuda de Kero, ya que Tomoyo había salido corriendo diciendo que no había avisado en su casa que iba a salir por un momento.
            -¡No Tomoyo, no me dejes! –gritó Kero, quien de nuevo se encontraba encerrado en el cuarto de lavado, dando vueltas en la lavadora.



23 de abril de 2011

Syaoran Card Captor: Capítulo 3

Capítulo 3
La primera cita de Syaoran

            Los peces nadaban tranquilamente en los tanques, mientras los niños pegaban sus rostros a los vidrios, y sus padres sonreían y cuidaban que no les pasara nada.  Syaoran, Tomoyo, y las amigas de ella estaban de pie, viendo un tanque que contenía peces globo. Se estaban divirtiendo en su excursión, formada por su clase de sociología, donde tenían la oportunidad de conocer diferentes establecimientos de la ciudad, y esa vez les había tocado ir al acuario.
            -Dentro de poco comenzará el espectáculo de los pingüinos –les dijo un compañero de su salón, y se apuró a avisarles también a los demás grupitos.
            -Vamos a verlos, ¿les parece? –preguntó Tomoyo, y sus amigas dijeron que sí. Syaoran no tardó en seguirlas.

            Los pingüinos no dejaban de brincar a través del aro, y de hacer muchas piruetas, siguiendo las órdenes de su entrenadora. Tomoyo y sus amigas no podían dejar de verlos maravilladas, excepto Syaoran, que los observaba de manera indiferente, casi aburrida, hasta que...
            Un pequeño remolino empezó a formarse, y atrapó a la entrenadora, sujetándole un pie, y obligándola a sumergirse en el agua. El público no podía hacer nada más que mirar, y contener el aliento. Uno de los pingüinos brincó al agua, y muy pronto quedó atrapado también por el remolino, el cual lo hizo dar vueltas sin control. La entrenadora pudo sacar la cabeza del agua por un instante, y en ese momento, uno de los encargados entró al tanque, llevando una cubeta con pescados para dar de comer a los pingüinos.
            -¿Qué ocurre? –preguntó al ver que ahí pasaba algo raro.
            -Uno de los pingüinos se está ahogando –respondió la entrenadora-, pero no puedo hacer nada para salvarlo.
            Sin pensarlo ni un segundo, el muchacho brincó dentro del agua, y se acercó quietamente hacia el remolino, el cual sujetó con sus manos, y trató de abrirlo. Después de unos segundos de silenciosa lucha, el remolino se rompió,  el pingüino, y la pierna de la entrenadora quedaron libres, con lo que ellos dos y el encargado pudieron salir del agua.
            Syaoran miraba al muchacho con una expresión de confusión en su rostro.
            -¿Her... hermano? –preguntó. No había ninguna duda, el encargado de dar de comer a los pingüinos de ese tanque, no era otro más que Touya.

            -¿Me estás diciendo que te ahogaste? ¿Tú, en un tanque del acuario?
            -¡Que no, idiota! –le gritó Syaoran a Kero.
            Se encontraban en la cocina de su casa. Kero no podía dejar de dar vueltas, revoloteando alrededor de la cabeza de Syaoran, quien se encontraba ocupado preparando la masa para hacer hot-cakes.
            -¿Qué a caso no me estás escuchando? –le gritó Syaoran-. Ya te dije que yo no fui.
            -No, claro que no –dijo Kero,  sin darse cuenta de que estaba hablando-, si para algo eres bueno, es para los deportes, y nada más.
            -¡¿Qué?! Solo por eso no te daré hot-cakes...
            -Y, y cocinar, claro... Se me olvidaba. Como sea, es muy extraño que un pingüino llegue a ahogarse en un tanque común y corriente de un acuario.
            Syaoran estaba terminando de cocer unos hot-cakes, así que mientras llevaba los que ya estaban listos a la mesa, le dijo a Kero:
            -Los encargados dijeron que el remolino se formó porque se había zafado el corcho, pero a mí me dio la impresión de que era otra cosa. Lo que sucedió ahí no fue un accidente. Me dio la impresión de que conozco esa fuerza...
            -¿Cómo si te enfrentaras a una Carta Clow? –preguntó Kero, que se había robado un hot-cake, mientras Syaoran hablaba, y no se había dado cuenta.
            -¿Eh? Sí, claro...
            -¡Ya llegué! –se escuchó la voz de Touya. Syaoran y Kero pegaron un brinco.
            -¡Corre, hay que esconderte! –le susurró Syaoran, y Kero se apuró a tomar otro hot-cake, y volar escaleras arriba-. ¡Hola, que bueno que regresaste! –saludó Syaoran a Touya con una risita nerviosa-. ¿Eh? –agregó de repente, como si acabara de acordarse de algo-. Ho estuviste en el acuario, ¿no?
            -Está escrito en la pizarra –le dijo Touya, mientras entraba a la cocina-. Soy el encargado de dar de comer a los pingüinos –y sin que Syaoran se diera cuenta a tiempo, su hermano se llevó un hot-cake entero a la boca.
            -¡Oye! ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡Yo lo compré todo con mi dinero! ¡No te lo comas sin mi permiso! –pero Touya lo ignoró diciendo:
            -¿Necesitas ayuda? ¿Por qué no pasas?
            -Ya voy. Es que no podía quitarme los zapatos –en ese momento, Syaoran se quedo petrificado. Esa era la voz de... -¡Hola, Syaoran-kun! –lo saludó Yukito cuando entró a la cocina, y Syaoran se puso rojo como tomate.
            -Ho... hola –tartamudeó.
            -Se ve muy rico –dijo Yukito al acercarse a la mesa, y ver los hot-cakes-. Debes de saber cocinar muy bien.
            -Pues, no, no mucho.
            -Claro, de toda la casa es el que cocina peor –dijo Touya, pero se quedó sin voz después de de Syaoran le hubo pisado el pie. Como si no hubiera pasado nada, Syaoran le dijo:
            -Yukito-chan, si quieres, puedo preparar unos hot-cakes para que los pruebes.
            -¿Estás seguro? –Syaoran dijo que si con la cabeza-. Muchas gracias –Yukito le sonrió.

            Syaoran entró corriendo a su habitación. Acababa de entregarle los hot-cakes a su hermano y a Yukito, quienes estaban en la habitación de Touya, repasando los estudios, y el haber visto la hermosa sonrisa de Yukito, había hecho que le ganara la emoción, por lo que se encontraba “derretido” en el piso de su cuarto, abrazando a Kero con todas sus fuerzas.
            -¡Oye! –le gritó el muñeco de felpa-. ¿Se puede saber qué rayos te pasa?
            -Yukito-chan –susurró Syaoran, mirando al techo, sin mirarlo de verdad.
            -¡Oye, que necesitas pensar en la Carta Clow!
            -A mi me importa más Yukito-chan que una simple Carta Clow.
            -No creo que a Yukito-san le guste ver a un pingüino ahogarse –le dijo Kero, como quien no quiere la cosa.
            -¡No lo puedo permitir! –gritó Syaoran, y se apuró a levantarse del piso. Kero se apresuró a quitarse de ahí.
            -El problema es que esto es más peligroso. Esto tiene relación con el agua, así que debe ser la Carta Agua. Pero no será tan fácil. Agua utiliza magia de la mejor calidad. No se puede ver a simple vista; como es un líquido, puede dispersarse hacia donde quiera. Es complicado, querer usar a los Cuatro Elementos juntos, y el poder de Agua es muy desastroso. Además, con las Cartas que cuentas en este momento, no es suficiente para atrapar a Agua. Es verdad que Viento tiene el mismo nivel de magia, pero ella es más tranquila, y no podrá ante su agresividad.
            Syaoran no pudo hacer nada más que quedarse callado. ¿Habría una manera de poder atrapar a esa Carta tan destructiva y poderosa?

            Tomoyo y Syaoran caminaban de regreso a sus casas, después de haber pasado el día en la escuela, y platicado sobre la Carta Agua, y lo que podrían hacer para detenerla.
            -¡Ah! Se me olvidaba –dijo Tomoyo de repente-. Quería darte esto –y sacó de su mochila dos teléfonos celulares-. Son el modelo más reciente de la compañía de mi mamá. Uno es para ti, y el otro es para Kero.
            -¿En verdad podemos tenerlos? –preguntó Syaoran, mientras los tomaba.
            -Claro, son por si surge alguna emergencia. Ya sabes, con las Cartas Clow. Nos veremos mañana.
            Se despidió Tomoyo, así que Syaoran siguió caminando solo hacia su casa, pensando en cómo podría hacerle para atrapar a la Carta Agua. Se encontraba tan sumido en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que había alguien frente a él, hasta que chocó, y casi se cayó al piso.
            -Perdón, lo siento mucho –se disculpó, y al mirar hacia delante, se encontró cara a cara con Yukito.
            -¿Estás bien? ¿No te has lastimado? Es peligroso que patines distraído –y Yukito ayudo a Syaoran a levantarse. Syaoran tomó su patineta con su mano, y se dispuso a caminar al lado de Yukito-. Ah, ahora que me acuerdo, muchas gracias por los hot-cakes de anoche.
            -No fue nada, de verdad.
            -Quería invitarte a comer algo en forma de agradecimiento –le dijo Yukito.
            -Claro –fue lo único que Syaoran pudo responder.

            Al igual que en la tarde anterior, Syaoran entró corriendo a su habitación, abrazó a Kero con todas sus fuerzas, hasta dejarlo sin aire, y diciendo casi a gritos "Tengo una cita con Yukito-chan".
            Al día siguiente, Syaoran y Yukito caminaban por la calle, rumbo al lugar al que Yukito lo llevaría a comer algo.
            -Esto es... –dijo Syaoran en voz baja. El y Yukito se encontraban frente al acuario.
            -Visitaste este lugar hace poco, ¿no? –le sonrió Yukito, y siguieron andando-. Aquí dentro hay una cafetería... –le iba explicando Yukito por el camino. No se habían dado cuenta de que alguien los iba siguiendo.
            Tomoyo y Kero estaban de incógnito, siguiendo a su amigo y a su “cita”, mientras recorrían el acuario.
           -...y los raspados que hacen aquí, son los mejores. Ahora que me acuerdo, me parece que Touya ahora trabaja por aquí. Es una pena, no cambian mucho las condiciones de su empleo. Antes trabajaba con los pingüinos, y hacía mucho frío donde guardan su comida. Aún así, el hielo para hacer los raspados también se guarda en un congelador enorme. Ahí dentro hace un frío terrible. Seguro que si te quedas encerrado ahí dentro por error, te mueres congelado. ¡Ah mira! –dijo Yukito con una enorme sonrisa en los labios-. ¡Es Touya!
            Syaoran volteó hacia donde Yukito apuntaba. Así era: Touya estaba vestido de mesero, limpiando una mesa. Yukito y Syaoran llegaron hasta donde él estaba, y para saludarlo, Yukito le dio un beso en la boca a su novio. Syaoran apretó los puños y la quijada.
            Varios minutos después, mientras Tomoyo y Kero espiaban y filmaban a Syaoran en su cita, ahora familiar, empezó a escucharse algo muy extraño. Se encontraban los tres platicando muy a gusto, hasta que el ruido del cristal rompiéndose se hizo audible. Los tres voltearon hacia el tanque que estaba junto a su mesa. Con un último “crack”, el vidrio terminó de romperse, y toda el agua contenida se empezó a derramar por toda la cafetería.
            -¡Syaoran! –gritó Tomoyo. Desde donde ella y Kero se encontraban, no alcanzaban a ver a nadie en el agua.
            Syaoran trataba de escapar, pero algo le impedía nadar hacia la superficie. Miró hacia abajo, y vio un remolino aprisionándole el pie. La Carta Agua lo tenía atrapado.
            De repente, el nivel del agua empezó a bajar. El remolino de agua se deshizo,  pudo sacar su cabeza del agua para volver a respirar. A su lado, surgió la cabeza de Yukito, cuyo largo cabello plateado estaba completamente mojado. Los dos miraron alrededor. Touya se encontraba de pie, con un hacha en su mano derecha, y una puerta destrozada atrás de él, por donde se estaba yendo toda el agua.
            -¿Te encuentras bien? –le preguntó Touya a Yukito, y después de ayudarla a levantarse, le dio una toalla para que se secara.
            -No te preocupes, estoy bien. ¿Y tú, Syaoran?
            -Si, yo también estoy bien. No me pasa nada –pero aún así, siguió sentado en el suelo.
            -Lo siento mucho –se disculpó Yukito-. El raspado que íbamos a comer, seguramente se echó a perder con toda esta agua.
            -No hay problema, de verdad.
            -¡Syaoran! –se escuchó un grito. Syaoran volteó, y vio a Tomoyo que se acercaba corriendo a toda velocidad, y que se sentó junto a él. Kero se asomó de uno de sus bolsillos.
            -Si, muy bien, de verdad... Este... ¿Ustedes que hacen aquí? –Tomoyo y Kero se rieron nerviosamente. En ese momento, Syaoran se quedó pensando profundamente en lo que Yukito le había dicho. “Los raspados se hacen con hielo” pensó -. ¡Gracias, Yukito-chan! –le dijo con la mirada brillosa. Yukito, que se encontraba secándose el cabello, lo miró extrañada.

            Esa noche, Syaoran, Tomoyo y Kero se encontraban entrando sigilosamente al acuario. Mientras avanzaban sin hacer ruido, Tomoyo no dejaba de grabar a Syaoran, que nuevamente estaba usando un cosplay, de los que su amiga había hecho para él. Esta vez, se trataba de un traje azul. Tenía un short azul marino, una camisa blanca con detalles azul cielo,  había tenido que usar también una peluca azul, así como una especie de venda negra con detalles azul rey en la frente.
            -¿Se puede saber que cosplay estoy usando esta vez? –preguntó Syaoran en un susurro, mientras se detenían frente a unas escaleras.
            -Oh, te queda muy bien –le respondió su amiga, que pulsó el botón de “zoom” en su cámara, para ver mejor a su amigo-. No creo que conozcas la serie, salió ya hace tiempo. Se llama Shaman King. Ese es el traje de un personaje llamado HoroHoro, que tiene el poder de controlar el hielo –le sonrió después de dar todo su discurso, del que, por supuesto, Syaoran no entendió nada.
            -Claro, claro... –respondió Syaoran, y subió unos cuantos escalones, mientras Kero volaba a su lado-. Bueno, ya sabes el plan.
            -Claro –respondió Tomoyo, y echó a correr a un lado del pasillo, mientras Syaoran y Kero subían las escaleras a toda velocidad.

            -Es aquí, puedo sentirlo –dijo Kero. El y Syaoran se encontraban de pie, en la parte superior de uno de los tanques de agua más grandes que tenía el acuario. Syaoran sacó su celular, y marcó un número. En ese momento, Tomoyo levantó su celular, y contestó a la llamada de su amigo.
            -Kero y yo ya estamos listos. ¿Cómo vas tú?
            -Lo he encontrado, está en la primera planta –le respondió su amiga.
            -Perfecto, vamos para allá –dijo Syaoran, y colgó. Después, dijo en voz alta:-. ¡Agua, se que estás ahí! ¿Por qué no sales a pelear? ¿Tienes miedo de que yo te gane?
            Apenas terminó de decir esto, cuando la superficie del agua empezó a moverse. Del tanque de agua, habían surgido lo que parecían ser unos grandes chorros de agua, como serpientes.
            -¡Vuelo! ¡Ahora! –le dijo a Kero, y los dos se alejaron volando, mientras las serpientes marinas los perseguían.
            Tenían que darse prisa si querían que el plan diera resultado, así que los dos volaban a toda la velocidad que eran posibles, mientras las serpientes de agua se aventaban sobre ellos, y los trataban de atrapar, a como diera lugar.
            En ese momento, al terminar de bajar las escaleras que los llevaban al primer piso, vieron a Tomoyo saludándolos desde la esquina, y señalándoles que siguieran hacia la izquierda. Syaoran y Kero se dirigieron hacia ahí.
            Llegaron a una enorme puerta de metal, que estaba abierta. Syaoran se bajó del báculo, y levantó una carta.
            -Ahora, Carta Clow, haz tu trabajo. ¡Viento! –gritó.
            De inmediato, la Carta Viento se alzó, y se apuró a envolver a la carta Agua. Viento empujó a Agua dentro de la habitación, y Syaoran y Kero cerraron el lugar.
            Mientras jadeaban por el esfuerzo que habían tenido que hacer para encerrar a la Carta Clow ahí dentro, Tomoyo llegó, con la cámara de video en alto.
            -¿Ha resultado todo bien? –preguntó.
            -Supongo –respondió Syaoran-. Está ahí dentro.
            -Lo mejor será abrir para ver como quedo –dijo Kero, así que entre él y Syaoran, abrieron de nuevo la puerta del congelador.
            Dentro, se había formado una estatua de hielo. La Carta Agua era ahora la estatua de una mujer azul, con una corona en la cabeza, y lo que parecía ser una cola de sirena. Los chorros de agua que había tratado de aventar para escapar de ahí, se habían congelado también, y ahora parecían arcos, esparcidos por todo el congelador.
            -Creo que ya es hora –dijo Kero, y Tomoyo volvió a enfocar su cámara de video.
            -Regresa a la humilde forma que mereces –dijo Syaoran, y levantó el báculo mágico-. ¡Carta Clow!
            La sombra de una carta se dibujó en el aire, y la estatua de hielo que tenían delante de ellos empezó a brillar, y fue absorbida por el dibujo de la carta que se había hecho en el aire. Segundos después, la Carta Agua se había terminado de materializar, y Syaoran la sujetaba en su mano.
            -¡Lo has conseguido! –le dijo Tomoyo.
            -Claro, todo ha sido gracias a ti y a Yukito-chan. Se me ocurrió la idea cuando me habló del congelador. ¡Gracias Yukito-chan!
            Dijo Syaoran, más para sí que para nadie más, mientras Kero no dejaba de felicitarlo, y Tomoyo de filmar su expresión perdida.