The Gringotts

Entra, desconocido, pero ten cuidado

con lo que le espera al pecado de la codicia,

porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,

deberán pagar en cambio mucho más,

así que si buscas por debajo de nuestro suelo

un tesoro que nunca fue tuyo,

ladrón, te hemos advertido, ten cuidado

de encontrar aquí algo más que un tesoro...


27 de abril de 2011

Syaoran Card Captor: Capítulo 5

Capítulo 5
Syaoran, un panda, y una hermosa tienda

            Era un día como cualquier otro en la vida de Syaoran Kinomoto. era un lunes en la mañana, y Syaoran se encontraba tableando por la ciudad, dirigiéndose a la escuela. Había cruzado por delante de una tienda que parecía que apenas iba a abrir. Había un montón de cajas afuera, y una señorita, la dependienta seguramente, se encontraba llevándolas adentro del local. En ese momento la caja que llevaba la señorita se le resbaló, cayó al piso, y un montón de peluches rebotaron alrededor de ella. Syaoran miró el reloj: aún era algo temprano. Suspirando, cruzó la calle, dispuesto a ayudar.
            -¿La tienda se abrirá hoy? –preguntó Syaoran, al leer el letrero que colgaba de la puerta.
            -Así es –le respondió la mujer, mientras se ponía de pie, y ponía un peluche de nuevo dentro de la caja. Syaoran se apuró a imitarla. Unos cuantos minutos después, la caja estaba nuevamente llena de peluches, y ahora se encontraba dentro de la tienda.
            -Me llamo Maki Matsumoto, mucho gusto en conocerte -dijo la mujer, mientras tomaba otra caja y la llevaba dentro del local.
            -Mucho gusto, yo me llamo Syaoran Kinomoto.
            -Supongo que vendrás a darte una vuelta en la tarde que ya tenga todo acomodado.
            -Este, yo...
            -Si quieres puedes traer a tus amigas.
            Syaoran ya no supo que decir, por lo que simplemente se encogió de hombros. En ese momento vió el reloj, y se despidió de la mujer, ya que se le estaba haciendo tarde para ir a la escuela.

            -¿Has visto la nueva tienda de peluches que abrirá cerca de aquí? –platicaban las amigas de Tomoyo, mientras Syaoran abría la puerta del salón, y se dirigía a su banca. Syaoran había alcanzado a oírlas, pero no supo qué fue lo que lo motivo a meterse en la conversación de las niñas.
            -Pasé por ahí hoy en la mañana. La dependienta dijo que estaría abierto hoy en la tarde.
            -¿Quieres venir? –le preguntaron a Syaoran.
            -¡¿Qué?! –se asustó él -. Está bien que a ustedes les gusten esas cosas, pero a mi...
            -Tomoyo nos ha dicho que vendrá, y ustedes siempre regresan juntos. No creo que ella te deje escapar hoy –Syaoran no pudo hacer más que quedarse callado, ya que ellas tenía razón.
            -Entonces, iremos a la salida, cuando Tomoyo termine sus ensayos con el coro de la escuela.

            Cuando llegaron a la tienda, el letrero de abierto se encontraba colgado de la puerta, pero el interior de la tienda decía todo lo contrario. Las cajas estaban todas abiertas, pero no se había vaciado ninguna, y todos los estantes y las mesas estaban desacomodados. Syaoran pensó que ya se había salvado de entrar, pero en ese momento, Tomoyo abrió la puerta, y todas las chicas entraron al lugar, por lo que él no tuvo más remedio que seguirlas.
            -¿Se encuentra bien? –le preguntó Tomoyo a la dependienta, quien se encontraba tirada en el piso, y varios peluches le resbalaron de las manos.
            -Si... –respondió ella-, es solo que los peluches no dejan de resbalárseme...
            -¿Le parece bien si le ayudamos a poner todo en orden? –preguntó una de las chicas-. Así será más rápido.
            -Pero no puedo dejar que mis clientes hagan eso...
            -No se preocupe, es solo que ya queremos ver todos sus peluches –dijo Tomoyo, y todas se apuraron a tomar uno. Syaoran suspiró, y decidió ir a buscar las cajas que quedaban.
            Cuando terminaron, estaban todos cansados, por lo que no tenían muchos ánimos para ver todos los peluches, así que la señorita Maki las invitó a todas, y a Syaoran, a volver al día siguiente.
            -¿Qué les parece si vamos un rato a mi casa a ver los peluches que tengo? –dijo Chiharu, una de las amigas de Tomoyo-. Tengo muchos de ellos.

            Syaoran no supo como terminó en casa de Chiharu, y mucho menos cargando un panda gigante que ella había comprado esa tarde en la tienda nueva, pero supuso que la mirada asesina y el terrible golpe que le atestó Tomoyo en las costillas habían tenido mucho que ver. Dejó el peluche en la cama de Chiharu, y mientras se comía una galleta con chispas de chocolate, que Chiharu les había ofrecido cuando llegaron a su casa, siguió a las chicas a la sala.
            -... es uno de los más grandes de... ¿han oído eso? –se interrumpió Naoko.
            -Me parece que viene de tu habitación, Chiharu... –dijo Rika, y todas corrieron a ver.
            La ventana se encontraba abierta, y todos los peluches de la cama desordenados. Cuando Chiharu terminó de acomodarlos, se dio cuenta de que solo faltaba uno: el panda gigante.

            -¿Un ladrón de peluches? Eso suena muy estúpido...
            -Lo sé, pero me lo dijo mi mamá, ayer que le conté lo que pasó en casa de Chiharu. Dice que ocurrió lo mismo en una tienda en otra ciudad, y que si llegabas a comprar ahí, atraías a los ladrones. Al final, el negocio cerró, y nadie pudo recuperar nada.
            Tomoyo y Syaoran se encontraban platicando en la clase de deportes, al día siguiente de haber ido a casa de Chiharu, platicando sobre lo que había ocurrido.
            -La señorita Maki dijo que acababa de mudarse a la cuidad. ¿Tú crees que la tienda de la que hablaba tu mamá, sea esta?
            -Es lo que parece.

            Esa tarde, Tomoyo y Syaoran fueron a la tienda de la señorita Maki, pero al entrar, lo primero que vieron fue a...
            -¿Ese no es el panda que compró Chiharu ayer? –preguntó Tomoyo, mientras apuntaba al peluche en forma de panda, detrás de la dependienta.
            -No puede ser... Ha vuelto a ocurrir.
            -¿Que volvió a ocurrir? –repitió Syaoran, confundido.
            -Cuando abrí mi tienda en otro lugar, sucedió lo mismo, y se creó un rumor, de que si comprabas en esa tienda, atraías a los ladrones. Pero por más que se esforzaron, nunca los atraparon. Al final, todos en la ciudad estaban seguros de que la ladrona era yo, así que tuve que cerrar mi tienda, y mudarme. Pero al parecer, todo está ocurriendo otra vez...

            Era de noche. Syaoran se encontraba en su habitación, hablando con Kero, preguntándole si lo que pasaba en la tienda de la señorita Maki no podía ser obra de una Carta Clow.
            -¿Una Carta Clow que reúna muñecos? Nunca he escuchado algo así, y estoy seguro de que una Carta nunca podría hacer eso. Debes de estar equivocado.
            -Si resulta ser culpa de una Carta, los problemas de la señorita Maki se verán resueltos, además, todo esto parece ser obra de la magia.
            -Supongo que no nos cuesta nada ir a dar un vistazo –accedió Kero al final, y tomó el teléfono celular que Tomoyo le había regalado.
           -¿Qué haces? -preguntó Syaoran.
           -Solo estaba por marcarle a Tomoyo para que se nos uniera...

            Syaoran y Kero se encontraban escondidos entre los arbustos, fuera de la tienda, mientras Tomoyo entraba y platicaba un poco con la señorita Maki. Extrañamente, Syaoran llevaba puesto un cosplay que Tomoyo había traído “por si las dudas”. Se trataba de una especie de gabardina negra, con muchos detalles blancos, y un extraño símbolo en el pecho, que parecía una rosa de los vientos, pero muchísimo más detallado. Llevaba pantalón blanco, un parche en el ojo derecho, una liga gigante en la cabeza con detalles verdes, y una enorme bufanda naranja, que hacía juego con su peluca pelirroja. Tomoyo le había explicado vagamente mientras lo filmaba, que se trataba de un cosplay de Lavi, de la serie d. Gray-man.  Mientras caminaba a la tienda, y hablaba un poco con la Srta. Maki, Syaoran no dejaba de preguntarse como rayos había aceptado ponerse eso. Después de un rato de observar, las dos chicas pasaron a la parte posterior de la tienda, dejando el lugar vacío.
            -Es ahora –dijo Syaoran, y el y Kero salieron de los arbustos, y entraron en la tienda-. El peluche en forma de panda es el más extraño de todos –le dijo a Kero-, creo que debe de ser el que revisemos primero.
           -Habrá que buscar a ese, pero aún así, hay que tener los ojos bien abiertos, puedo sentir la presencia de una Carta Clow.

            -No está en este, ni en este, tampoco en este... No... –Syaoran se encontraba sosteniendo los peluches, mientras se los acercaba a Kero, para ver si podía distinguir la presencia de una Carta Clow.
            -Esto es una porquería, nunca conseguiremos nada así –se quejó Syaoran, abriendo la última caja, y sacando un peluche al azar: un conejo rosa.
            -¡Es ese! –dijo Kero de repente, dando un brinco-. ¡Tienes a la Carta Salto en tus manos!
            En ese momento, el pequeño conejo rosa saltó fuera de su mano, haciendo que Syaoran perdiera el equilibrio, y empezó a brincar por toda la tienda, seguido de los demás peluches, los cuales cayeron encima del niño, evitando que pudiera ponerse de pie. Después, saltaron fuera de la tienda, siguiendo al conejo rosa.
            -¡Tomoyo-chan, señorita Maki! –su amiga y la dependienta acaban de llegar corriendo de la parte de atrás de la tienda, y al ver a todos los peluches escapar por el vidrio que acababan de quebrar, la dependienta se desmayó. Tomoyo logró atraparla. Sin detenerse a ver si la mujer se encontraba bien, Syaoran y Kero salieron corriendo de la tienda.

            -¿Dónde está? –preguntó Syaoran-. No lo veo por ningún lado...
            -¡Está arriba! –le dijo Kero, y en ese momento, una pila de peluches les cayó en la cabeza, siendo el conejo rosa el que se encontraba encima de todos ellos.
            -¡Qué porquería! –gritó Syaoran, con el puño en alto-. ¡Eso no me ha dolido nada!
            -¡Va a volver a escapar! –Syaoran se apuró a tomar al conejo por las patas, pero en ese momento, dio un gran brinco, y la Carta se lo llevó con él.
            Ahora, Syaoran y la Carta se encontraban arriba en el cielo, demasiado alto, porque podían ver a toda la ciudad. La cara de Syaoran mostraba un miedo terrible de caerse, mientras que la de la Carta, mostraba una sonrisa maliciosa. El conejo rosa dio un salto más, y se escapó de las manos de Syaoran, dejándolo solo... y cayendo en picada.
            Syaoran no tuvo de otra más que sacar su llave, y decir su conjuro para transformarla en báculo, para usar la Carta Vuelo, y salvarse. Cuando llegó de vuelta al piso, se dispuso a usar una Carta, para atrapar al conejo de una vez por todas.
            -Vamos, haz tu trabajo y atrapa esa Carta, ¡Bosque!
            Las ramas del árbol empezaron a surgir, y al final, encerraron al pequeño conejo en una jaula de ramas y hojas.
            -¿Llego tarde? –se escuchó que Tomoyo preguntó. Su amiga se encontraba de pie, un poco más atrás de Syaoran, y sostenía en sus manos su cámara de video.
            -No, apenas voy a sellarla.
            Acababa de decir eso, cuando las ramas que surgían de la Carta Bosque empezaron a crujir, y segundos después, el conejo saltó lejos de ahí, y empezó a reunir al resto de los peluches, haciéndose de un tamaño enorme.
            -¡Corran! –gritó Syaoran, pues el enorme conejo acababa de alzar una pata, y amenazaba con pisarlos. Pero apenas se hubieron alejado unos 5 metros, cuando el conejo empezó a tambalearse, perdiendo el equilibrio, y cayó al suelo, junto con el resto de los peluches.
            -Creo que puedes atraparlo ahora, Syaoran-kun –le dijo Tomoyo, igual de confundida que el.
            -Regresa a la forma humilde que mereces –dijo Syaoran cuando por fin pudo reaccionar-, ¡Carta Clow!
            La sombra de la Carta se dibujó en el aire, y el conejo rosa fue absorbido por ella. Después, cuando dejó de brillar, la Carta cayó en la mano de Syaoran, quien la contempló durante un rato, mientras Tomoyo lo filmaba.
            -Creo que el verdadero trabajo pesado apenas comienza –le dijo Tomoyo, cuando dejó de filmar, y se acercó a él.
            -¿A qué te refieres? –preguntó Syaoran confundido.
            -Tenemos que llevar todos los peluches de vuelta a la tienda de la señorita Maki.
            -¡¿Qué?! ¡Pero son demasiados!
            Pero al final, no le quedó de otra más que ayudar.


24 de abril de 2011

Forward To Past: Chapter 6

Capítulo 6: Símbolo

            Las puertas del Consejo se habían abierto con un estrépito. Habían llamado al Sacerdote Supremo con suma urgencia, y ahora el viejo hombre se cambiaba el saco negro de su trabajo “normal” por la capa blanca del Consejo. Le dejó a la recepcionista su maletín de abogado, mientras la chica se ponía rápidamente de pie, y hacía una reverencia.
            -¿Quién está en mi oficina?
            -Los gemelos Unmei, Señor.
            El Sacerdote Supremo trataba de mantener la calma. Los rubios gemelos eran muy reservados, y desde que habían llegado a formar parte del Alto Tribunal del Consejo, no habían dado problemas, y hablaban solo para lo que era necesario.
            La preocupación le ganaba a cada paso que daba. ¿Qué podría haber pasado para que los gemelos lo llamaran tan de repente? Y peor aún, ¿para que usaran las palabras “extremadamente urgente”?
            Empujó las puertas de su oficina con una fuerza mayor a la que pretendía, y pudo ver al par de gemelos que se ponían de pie, para reverenciarlo como saludo.
            -Explíquense, ¿qué ha pasado? –preguntó el Sacerdote Supremo, mientras le daba la vuelta al escritorio, y se sentaba en su asiento.
            -El Símbolo no deja de extinguirse.
            -Eso es cosa de todos los días, no veo porque…
            -El Símbolo no deja de extinguirse –repitieron los gemelos como si no hubieran escuchado la interrupción-. Nuestros dos herederos vendrán con sus clones, y si el Símbolo no deja de extinguirse, no tendrán dimensión a la cual llegar.
            -¿De cuánto tiempo disponemos? –preguntó el Sacerdote Supremo levantándose del asiento. Presionó un botón escondido debajo del escritorio, y la pared que tenía detrás de él, empezó a moverse, revelando un enorme vidrio que separaba esa habitación, de lo que se escondía del otro lado.
            Era el Símbolo de la Madre Naturaleza, muy parecido al que surgía en los mundos del mar y de la llama. Era igualmente un lago, solo que de tamaño mucho más grande. La base donde estaba la copa de oro tenía el tamaño de una casa entera, y la copa medía por lo menos 10 metros de alto. Pero había un problema.
            El lago estaba seco, la copa sin llama y la esfera de aire no se veía por ninguna parte.
            -Explíquense –les dijo a los gemelos, quienes se habían puesto de pie igual que el.
            -Está empeorando –dijeron ellos-. Esta mañana los tres elementos estaban en completa sintonía. Cuando revisamos los cálculos y pudimos ver la hora de llegada de los herederos, revisamos nuevamente el Símbolo, y el elemento aire no se encontraba. Cuando lo llamamos para que viniera, el elemento fuego se estaba extinguiendo. Y ahora, el elemento agua ha desaparecido.
            -Entonces, ¿díganme? ¿De cuánto tiempo disponemos?
-El límite es hoy, a la media noche.



            Si hubiera celebrado su cumpleaños, ahora sería diez años más viejo, pero en la tierra de la llama, no pasaba el tiempo, por lo que Mizu seguía con su apariencia de niño de 8 años, y por su parte, Kaji aún se veía como una jovencita de 18.
            Durante todo ese tiempo, Mizu había aprendido no solo a dominar el agua de la forma más exacta y precisa, sino que también había aprendido a crearla desde el interior de su propio cuerpo.
            No solo había alcanzado a Kaji en nivel de habilidad, sino que la había superado, y por mucho.
            Esa tarde, la anciana los había reunido con motivo de una importante celebración.
            -Esta noche, a la media noche –les había dicho -, partirán en busca del tercer heredero. Esta noche, empezará la búsqueda de Kaze, pero no tienen porque preocuparse, Kaze los encontrará a ustedes. La batalla comenzará muy pronto, y como no volveremos a vernos, al menos no así, quiero darles esto…
            La anciana había sacado lo que parecían ser dos trajes ceremoniales. El de Kaji era la combinación de una blusa blanca y falda del mismo color, con detalles de pequeñas flamas rojas por toda la tela. Tenía también una larga capa roja, con los mismos detalles de flamas, pero en color blanco.
            El traje de Mizu, por su parte, era la camisa y el pantalón blanco, con detalles de salpicaduras de agua azul, y la capa tenía el mismo estilo que la de Kaji, pero con el diseño de su elemento: la tela azul y las salpicaduras de agua blancas.
            -Tuvimos guardado esto durante mucho tiempo, para el momento en que tuvieran que usarlo. Cuando nos volvamos a ver, podrán agradecer, aunque no creo que me reconozcan…
            -¿Abuela? –susurró Kaji, con la mirada algo triste-. ¿Eso significa que no vendrás con nosotros?
            -Están por cruzar una dimensión, y…
-¿Dimensión?
-¿A caso creyeron que iban a salir por la puerta a buscar a Kaze? No; el tercer heredero se encuentra en otra dimensión. Fuera de este templo, ya no existe nada. Este mundo solo es eso: el templo. Fuera él, esta el vacío, la única forma de salir de aquí, es por medio el Símbolo, y éste Símbolo solo es lo suficientemente grande como para transportar a dos personas, es por eso que… Mizu, quiero darte esto.
            De uno de sus bolsillos, la anciana sacó un pequeño huevo blanco, que le puso a Mizu en las manos.
            -Debes de cuidarlo mucho, y cuando nazca, el te cuidará a ti.
            -¿Qué es? –preguntó mientras lo metía en uno de sus bolsillos.
            -Es tu “sacrificio blanco”. Ahora, colóquense junto a la copa.
            Los dos chicos hicieron lo que la anciana les dijo, entraron al lago y Mizu evitó que el agua los mojara usando sus poderes. La anciana les ordenó tomar un poco del agua con la mano derecha, y los dos chicos así lo hicieron. Después, les indicó que tocaran el fuego, y con las habilidades de Kaji, evitaron que el fuego les quemara, mientras metían la mano.
            -Ahora, solo queda esperar a que el Aire haga lo suyo. Sólo queda esperar…



            Mizu y Kaji estaban vestidos con los trajes de batalla que el abuelo les había entregado. Se encontraba Mizu ayudando a Kaji a entrar al agua, mientras el anciano los despedía con una sonrisa. Caminaban ahora por las tranquilas aguas del lago, como si el agua no se hubiera dado cuenta de su presencia, e introducían la mano que tenían libre del contacto con el agua en la copa con llamas.
            Kaji desvió la mirada de su tranquilo acompañante, y miró al anciano, que sonreía de manera amable.
            -Cuida mucho el huevo –le dijo por última vez.
            -Así lo hare –le respondió ella, mientras el “sacrificio negro”, como el anciano lo había llamado, reposaba en su bolsillo.



            -¡¿Cómo que no hay cambios?!
            -Esa es la respuesta de Kioku. No hay cambios.
            -¡Tenemos el tiempo en contra y solo pueden decirme que…!
            -¡Tenemos una señal!
            Tanto los rubios gemelos como el Sacerdote Supremo, voltearon a ver a la persona que acababa de llegar corriendo. El ritmo de la respiración de Rihna era agitado, y le temblaba la voz al hablar.
            -¿De qué elemento se trata? –dijo mientras entraba a la Cámara del Símbolo, con los gemelos detrás de él.
            -Al parecer Agua y Fuego han decidido quedarse ahí –respondió Kioku, mientras alcanzaba al Sacerdote-. Como puede ver, Aire sigue inestable…
            La esfera de Aire aún no aparecía, pero todos los presentes podían admirar el remolino de aire que se formaba sobre el Símbolo, y que amenazaba con vaciar el agua del lago, y de apagar la llama.
            -¡Alguien debe detenerlo! –gritó el Sacerdote Supremo.
            -¡Tiempo límite de cinco minutos, Señor! –le informó Rihna, mientras consultaba el reloj.
            -¡Dense prisa!
            En ese momento, los gemelos brincaron dirigiéndose al Símbolo, y se transformaron en luz, creando una especie de campana luminosa alrededor de la estructura. El Sacerdote Supremo, Rihna y Kioku podían ver aún lo que pasaba dentro de la campana.         
El remolino de Aire había disminuido, y lentamente, poco a poco se iba transformando en la esfera que debía ser. Con esto, el fuego y el agua se calmaron a su vez, y el Símbolo parecía estar en paz.
            -Tiempo límite, cuatro minutos –anunció Rihna, quien era la que estaba al pendiente de la cuenta regresiva.
            -Deben darse prisa hermano, no podré aguantar mucho tiempo más –decía la pobre chica a su gemelo.
            -Debes resistir, al menos un minuto más –le respondía él.
            -Espero poder, pero…
            -Tiempo límite, tres minutos…
            -¿Puedes sentirlo? –le preguntó él a ella.
            -Si… son ellos. Son los seis…

            Parecía como si el tiempo se hubiera detenido. El color y el sonido habían desaparecido. La campana de luz formada por los gemelos, empezó a temblar. El Elemento Aire explotó en todas direcciones dentro de la campana. El Elemento Fuego se apagó como si se tratara de un simple fósforo, y el Elemento Agua se evaporó dejando el lago vacío.
            Dentro de la campana, se había formado ahora dos esferas de luz, y cuando las dos se disolvieron, pudieron observar a las personas que acababan de llegar.
            Los gemelos deshicieron la campana, y se posaron junto al Sacerdote supremo, Rihna y Kioku.
            Se encontraban ahora delante de ellos, dos grupos, uno formado por una chica de 8 años y un joven de 18, y el otro por un niño de 8 y una muchacha de 18.
            -Bienvenidos –les dijo el Sacerdote Supremo-. Al mundo real.
            -Estamos agradecidos –dijo el joven-. Nosotros somos Mizu y Kaji, venidos de la tierra del mar.
            -Y nosotros somos Kaji y Mizu –dijo la muchacha, venidos de la tierra de la llama.

Syaoran Card Captor: Capítulo 4

Capítulo 4
Un domingo muy agitado

            Syaoran y Kero acababan de levantarse en esa soleada mañana de domingo. El cielo se encontraba despejado, a pesar de la lluvia del día anterior, y lo único que tenían en mente, era salir al parque Shinri a pasear con su amiga Tomoyo. Kero se mostraba animado con la idea, pero Syaoran... De no haber sido porque Tomoyo lo había amenazado con hacerlo usar un cosplay de un anime "gay", hubiera invertido toda su tarde en otras cosas de mayor provecho, según él.
            Syaoran bajó las escaleras, rumbo a la cocina, aún con la pijama puesta, y saludó alegremente a su padre y su hermano, quienes ya se encontraban a la mesa.
            -¿Tienes planeado algo para esta tarde de domingo? –le preguntó su padre a Syaoran mientras le servía el desayuno. Syaoran le explicó sobre la ida al parque con Tomoyo, hasta que su hermano lo sorprendió poniendo la pizarra de anuncios sobre la mesa, casi aplastando su desayuno, el cual tuvo que quitar a toda prisa.
            -¿Y esto qué? –preguntó mientras terminaba de quitar su jugo de naranja.
            -¿Qué no lo recuerdas? Tu mismo anotaste la semana pasada que hoy te tocaba hacer todo el aseo de la casa.
            -Estás... Oh...

            Varios minutos después de terminar el desayuno, su hermano había salido rumbo al trabajo, y como su padre tenía que acudir a una clase pública, Syaoran se quedó solo en casa, dispuesto a hacer el aseo. En ese momento, se encontraba al teléfono, explicándole a Tomoyo el porqué los planes habían cambiado de último momento.
            -¿No me estás mintiendo, verdad? -preguntó Tomoyo, visiblemente molesta. Syaoran pensó en colgar rápidamente, pero se contuvo.
           -No es así, en verdad se me había olvidado completamente. No lo puedo posponer, ya que no hay nadie más en casa, y mi hermano se enojaría si supiera que no planeo hacerlo -y agregó rápidamente-. Pero te prometo que saldremos otro día. Lo juro.
            -Ya no hay nada que se pueda hacer –y Tomoyo colgó súbitamente.
           -Lo sé -se dijo a sí mismo, mientras caminaba por el pasillo-, pero eso no quita que esto sea una porquería –y se dispuso a empezar con la limpieza, mientras Kero se ocupaba de lavar la ropa sucia.

            Se encontraba barriendo la alfombra de la sala, cuando vio que algo se asomaba por debajo de ella. Se agachó para tomarlo, y descubrió una Carta Clow.
            -¿Bosque? –dijo al leer el nombre escrito en la parte inferior-. ¿Un árbol puede estar en una de estas extrañas Cartas? –y mientras decía esto, se guardó la Carta en el bolsillo, y corrió al cuarto de lavado, dispuesto a mostrarle a Kero la Carta que se acababa de encontrar... Pero por algún extraño motivo, la bolita de felpa no estaba ahí.
            -Ese maldito flojo seguramente se está escondiendo para no hacer nada –y salió del cuarto-. Cuando lo encuentre, le pegaré...
            Y se marchó a seguir limpiando. Unos segundos después, Kero salió de dentro de la lavadora, esponjado como una motita de pelusa. Al parecer, se había caído dentro de la lavadora,  la tapa se había cerrado, obligándolo a darse un baño.

            Syaoran se encontraba en el sótano de la casa. Era el último lugar que le faltaba de limpiar, y como esa habitación siempre tenía muy poca luz, pasar la escoba no era suficiente, así que bajo con la aspiradora, dispuesto a terminar de una vez por todas.
            Se encontraba aspirando de debajo de un estante, cuando escuchó como si algo estuviera tapando la boquilla de la aspiradora. Se acercó a ella, y vio una especie de papel alargado pegado en ella, lleno de tinta. Se apresuró a quitarlo, y al darle la vuelta, descubrió...
            -¿Es una Carta Clow? –se preguntó a sí mismo al ver el símbolo del mago Clow, del lado que no estaba lleno de tinta-. Qué suerte, he conseguido reunir dos Cartas en un solo día. Solo necesito limpiar esta.
            Colocó las dos Cartas en el escritorio del sótano, y cuando estaba a punto de empezar a limpiar la Carta que estaba manchada de tinta, el teléfono empezó a sonar, por lo que salió corriendo escaleras arriba, para contestar.
            -¿Syaoran-kun? –se escuchó la voz de su padre, al otro lado de la línea-. Necesito saber si no se me quedó un sobre azul, sobre la mesa del comedor.
            -Eh... –dijo Syaoran, mientras se asomaba a la cocina-, si aquí está.
            -¿Podrías traérmelo a la Universidad, por favor?
            -Claro, voy para allá.
            Colgó el teléfono, tomó el sobre, y mientras se dirigía hacia la puerta, le gritó a Kero que iba a salir por un momento. Segundos después, cerró la puerta del jardín, se subió a su patineta, y se dirigió a la Universidad, dispuesto a llevarle el sobre a su padre.

            Ahora se encontraba de vuelta en su casa, y mientras entraba, pudo ver toda la ropa limpia que Kero había colgado en la terraza del 3er piso. Entró a su habitación, donde vio a Kero acostado en la cama, cansado por todo el trabajo que había hecho ese día.
            -No hay remedio –le dijo-, eres un flojo de primera. ¿Eh? –le había parecido escuchar algo-. ¿Kero? ¿No oyes eso?
            -Es mi estómago que reclama comida, es normal.
            -No idiota, eso no –y Kero abrió los ojos-. Es otro ruido mucho más fuerte. Lo mejor será que bajemos a ver que es.
            Salieron de la habitación, y siguieron los ruidos hasta la puerta del sótano, que se encontraba entreabierta. Les pareció ver que había algo que se movía, dentro de la oscuridad. De repente, la rama de un árbol surgió de repente, y Syaoran y Kero se apuraron a cerrar la puerta de golpe.
            -¿Qué demonios es eso? ¡Se supone que no hay plantas de ningún tipo en el sótano! –gritó Syaoran, mientras hacía un esfuerzo enorme por no soltar la puerta.
            -Parece ser un árbol –jadeó Kero. La planta era demasiado para él, y parecía que no podría aguantar mucho más en sostener la puerta.
            -Debió ser por culpa de la Carta Clow que me encontré...
            -¡¿Qué?! ¡¿Encontraste una Carta Clow y no le pusiste tu nombre?! ¡¿Estás idiota o cual es tu problema?! ¡Debes de ponerle tu nombre para que la Carta te obedezca a ti y solo a ti!
            -¡¿Qué?! ¡A mí nunca me explicaste nada de eso! ¡No tienes derecho a reclamarme nada!
            -Esto parece ser obra de la Carta Bosque...
            -¡Tarado! ¡No sueltes la puerta!
            Pero era muy tarde. Las ramas del árbol empujaron la puerta, y sujetaron a Kero de la panza, y a Syaoran de un tobillo. Y peor aún, en ese momento, el timbre de la puerta sonó.
            -¡Ya voy! –gritó Syaoran.
            -¡Idiota! ¡¿Por qué rayos le contestas?!
            -¡Fue lo más sensato que se me ocurrió! –el timbre de la puerta volvió a sonar-. ¿Y ahora qué hacemos?
            -¡Mira que si tuviera una respuesta, ya te la hubiera dado, mocoso tarado!
            En ese momento, las ramas del árbol que los tenían sujetos se extendieron por todo el pasillo, y mientras el timbre de la puerta sonaba por tercera vez, Syaoran y Kero quedaron frente a la puerta de la entrada, viendo la silueta de la persona que tocaba el timbre, tan insistentemente.
            Lentamente, la puerta se abrió. Kero se quedó quieto, fingiendo ser un muñeco de felpa, y mientras Syaoran se tapaba los ojos, susurró: “No le prestes atención a esto”.
            -Al parecer, en verdad necesitaban hacer algo de limpieza en esta casa –Syaoran abrió los ojos, y vio a Tomoyo de pie frente a él, que los observaba divertida. Dejó la cesta que llevaba en el brazo, y se apuró a bajar a Kero, y después, a soltar el tobillo de Syaoran.
            -No es eso –le dijo Syaoran, cuando logró poder volver a pararse-. Esto es por causa de una Carta Clow llamada Bosque.
            -Parece ser que se ha quedado quieta –dijo Kero-. Lo mejor será atraparla ahora.
            -Claro –le respondió Syaoran, y sacó su llave mágica. Tomoyo no tardó ni un segundo en sacar su cámara de video-. Llave que guardas el poder de la oscuridad, muestra tu verdadera forma ante Syaoran, quien aceptó la misión contigo. ¡Libérate! –la llave creció en ese momento, hasta convertirse en el báculo mágico-. Ahora, regresa a la forma humilde que mereces. ¡Carta Clow!
            La sombra de una Carta Clow se dibujó en el aire, y Bosque entró en ella. Pero solo había durado unos segundos así, cuando la Carta empezó a brillar, y el árbol comenzó de nuevo a crecer a partir de ella.
            -¡A correr! –gritó Tomoyo en ese momento, y ella, Syaoran y Kero empezaron a correr escaleras arriba, hasta llegar a la terraza del 3er piso, donde Kero había colgado toda la ropa. La Carta Clow los seguía de cerca, pero al salir al claro exterior, y recibir los rayos del sol, dejó de crecer, y empezaron a brotarle hojas de todas las ramas.
            -¡Maldición! ¡Esta maldita Carta me ha echado a perder toda la ropa que había lavado en todo el día!
            -¡Ah, que porquería! –gritó Syaoran, sin prestar atención a lo que Kero estaba gritando-. ¡Así que solo necesitaba que le diera el maldito sol!
            -No, escucha –le dijo Tomoyo, y los tres se quedaron callados-. Es como si un elefante caminara dentro de tu casa.
            -Al árbol aún le falta crecer –dijo Kero.
            -¡No me…! –fue lo único que Syaoran pudo gritar-. Tendremos que bajar hasta el sótano para sellar la Carta por completo.
            -Debemos darnos prisa, o destruirá toda la casa –agregó Kero, y los tres se apuraron a tratar de bajar.

            -¿Eh...? Tomoyo-chan... ¿Se puede saber qué es esto, porque demonios lo traes?
            Syaoran preguntó algo enojado, y a la vez confundido. Tomoyo lo había obligado a cambiarse su ropa por un cosplay algo extraño. Un sombrero plano de paja, una camisa roja sin mangas, un short azul, y unas sandalias de tiras, de color café. Su amiga le sonrió mientras lo filmaba de pies a cabeza.
            -Pensaba filmarte mientras estuviéramos en el parque Shinri, es por eso que lo he traído. Es un cosplay de Luffy, de One Piece. Vamos, date prisa que tenemos que atrapar una Carta Clow –le dijo Tomoyo, y lo empujó para que se acercara a la puerta del sótano.
            -Que extraño –susurró Syaoran, cuando el, Kero y Tomoyo hubieron bajado las escaleras, y entrado al sótano, el cual estaba inundado como por unos 30 cm.
            -Que yo recuerde, no sale agua de la Carta Bosque –le respondió Kero, quien volaba por encima de su cabeza.
            -Esto debe de ser obra de la otra Carta que me encontré...
            -¡¿Qué?! ¡¿Encontraste otra Carta mocoso idiota?! ¡¿Cuándo se supone que pensabas decírmelo, chamaco tarado?!
            -¡Pues que rayos quieres! ¡Se me había borrado de la mente porque en ese momento sonó el teléfono!
            -Al parecer es la Carta Lluvia –informó Kero, después de haberse calmado un poco, e ignorando lo que Syaoran le estaba diciendo.
            -Idiota –le susurró Syaoran a Kero, y volteó a observar el desastre que las dos Cartas Clow estaban haciendo-. ¡Lluvia, Bosque! ¡Háganme un cochino favor, y dejen de destruir mi maldita casa de una vez por todas, maldita sea!
            Una pequeña nube se acercó flotando, y se puso delante de él. De ella, surgió la cabeza, y los brazos de una pequeña niña, vestida con ropa azul, y un extraño gorro en la cabeza, como el de un arlequín, además de que en su frente, tenía en dibujo de una gota de agua. La nube se puso sobre la cabeza de Syaoran, y empezó a mojarlo.
            -¡Ya verás! –le dijo, y empezó a rebuscar en su bolsillo-. Carta Clow, haz tu trabajo. ¡Agua!
            La Carta Agua surgió en el aire, y la mujer con cola de pez y corona azul se alzó sobre la pequeña nube. Usando su magia, convirtió el agua que flotaba a su alrededor en serpientes marinas, y atrapó con ellas a la carta Lluvia, en una enorme burbuja azul.
            -Regresa a la forma humilde que mereces. ¡Carta Clow!
            La sombra de una Carta Clow se dibujó en el aire, y Lluvia fue absorbida por ella. Segundos después, Lluvia se encontraba reducida en su forma de Carta, sobre la mano de Syaoran.
            -Ahora, solo me falta bosque.
            -Espera –le dijo Kero poniéndose frente a él-. Mira.
            Todo el árbol empezó a encogerse, y las hojas que habían salido en todas las ramas desaparecieron. Frente a Syaoran, Tomoyo y Kero se formó el cuerpo de una mujer, envuelta en hojas, y con una corona verde en la cabeza. Syaoran la miraba, algo confundido, y después de que la mujer de dedicó una tierna sonrisa, se transformó en Carta, y se dejó caer en su mano.
            -¿Lo ves? –le dijo Kero-. Bosque es de las Cartas más pacíficas que te podrás encontrar en todo el mazo. Ahora... ¡haz algo bueno para variar y escribe tu horrible nombre!
            -¡Ya te dije que dejes de joder mi alma, yo no tenía ni la más mínima idea!

            Tomoyo se encontraba filmando de nuevo a Syaoran, quien acababa de terminar de escribir su nombre en la parte inferior de las dos Cartas Clow.
            -Espero y no te hayas molestado por cancelarte la ida al parque Shinri, y el haber venido aquí a batallar.
            -No hay problema, además, he filmado algo mucho más interesante de lo que podría si hubiéramos ido al parque –y acarició su cámara, con la mirada perdida en el infinito.
            -Syaoran, ¡ven a ver esto! –se escuchó el grito de Kero, y tanto Syaoran como Tomoyo se apuraron a llegar escaleras arriba, pues aún se encontraban en el sótano. Toda la casa se encontraba en un completo desorden.
            -¡Maldición! –gritó Syaoran al verlo-. Maldita sea, ¡tendremos que volver a limpiar todo! ¿Qué no habrá una maldita Carta Clow que pueda ayudar con estos fastidiosos quehaceres de la casa?
            Así que después de pasarse unos 10 minutos haciendo corajes y llorando, a Syaoran no le quedó de otra más que volver a empezar con la limpieza de la casa, con la ayuda de Kero, ya que Tomoyo había salido corriendo diciendo que no había avisado en su casa que iba a salir por un momento.
            -¡No Tomoyo, no me dejes! –gritó Kero, quien de nuevo se encontraba encerrado en el cuarto de lavado, dando vueltas en la lavadora.